Los Errantes
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Los Errantes
[b]
En la zona más inhabitable de todas, viven los Errantes.
Ellos son los parias de los otros reinos de este "nuevo mundo", y viven como una tribu en las ciénagas, ya que la unión entre los exiliados es lo único que les permite sobrevivir en las duras condiciones actuales. Ángeles Caídos, Demonios exiliados, humanos desterrados, esclavos fugados… son los vagabundos que forman esta comunidad nómada que se mueve de forma itinerante por los restos de la ciudad.
Las historias tras los miembros de los Errantes no son sencillas: nos encontramos con Ángeles que perdieron su gracia, humanos desterrados del Cielo o expulsados del Ejército de su propia raza, esclavos de las Hordas Infernales que consiguieron escapar, algunos con la cordura más en su sitio que otros; y Demonios cuya humanidad les hace vulnerables ante su propia raza… Todos ellos huyeron a la Ciénaga y terminaron juntos como única esperanza de supervivencia.
A todos les persigue el pasado y sólo juntos pueden sobrevivir.
Funcionan como una tribu, viviendo en una comunidad errante que cambia cada poco de refugio, y que debe cazar las peligrosas criaturas de la Ciénaga para vestir y alimentarse. Se visten con pieles, se alimentan de las mutaciones, y pelean juntos contra los miembros de los otros bandos que deciden cazarlo.s Pese a no ser el grupo más numeroso, la unidad y la forma que tienen de cuidarse les hace fuertes frente a los enemigos. Pueden convertirse en una fuerza a tener en cuenta.
Son el grupo más tolerante de todos, ya que la única norma que tienen es no traicionarse entre ellos, y es difícil que alguien se lo plantee, ya que la tribu es lo que les mantiene a salvo de la Ciénaga y de sus enemigos.
Viven de la caza de las mutaciones, fabricando utensilios con sus restos y alimentándose de su carne, manteniendo algún que otro trueque con el Ejército humano que vive en La Base, ya que la Unidad de Defensa Contra lo Sobrenatural es el grupo que mantiene una actitud más tolerante hacia ellos. Aun así es poco lo que consiguen de ellos, y carecen de las fuerzas sanadoras que poseen los otros. Por eso es frecuente ver en ellos a enfermos y contaminados, o individuos heridas de cauterizaciones. También es común que la movilización de la tribu se vea paralizada por que tengan esperar a que los heridos en algún ataque se recuperen.
Aunque la vida de los Errantes es de las mas duras, tienen cierta ventaja sobre los otros grupos, y es que allí no se tiene en cuenta la raza de la persona de la que te enamoras: las relaciones entre razas no están prohibidas, y por eso la tribu errante es el refugio de los amores imposibles en este nuevo mundo.
Dentro del grupo de los Errantes solo tenéis una raza nueva, que se verá a continuación. Como el resto de personajes son exiliados o desterrados de los otros grupos, debéis leéroslos, escoger alguno, y agregar en la historia por qué se exilia o lo destierran. En el único caso que no es tan necesario es en el de los Ángeles, ya que al exiliarse o ser desterrados se convierten automáticamente en ángeles Caídos.
Ellos son los parias de los otros reinos de este "nuevo mundo", y viven como una tribu en las ciénagas, ya que la unión entre los exiliados es lo único que les permite sobrevivir en las duras condiciones actuales. Ángeles Caídos, Demonios exiliados, humanos desterrados, esclavos fugados… son los vagabundos que forman esta comunidad nómada que se mueve de forma itinerante por los restos de la ciudad.
Las historias tras los miembros de los Errantes no son sencillas: nos encontramos con Ángeles que perdieron su gracia, humanos desterrados del Cielo o expulsados del Ejército de su propia raza, esclavos de las Hordas Infernales que consiguieron escapar, algunos con la cordura más en su sitio que otros; y Demonios cuya humanidad les hace vulnerables ante su propia raza… Todos ellos huyeron a la Ciénaga y terminaron juntos como única esperanza de supervivencia.
A todos les persigue el pasado y sólo juntos pueden sobrevivir.
Funcionan como una tribu, viviendo en una comunidad errante que cambia cada poco de refugio, y que debe cazar las peligrosas criaturas de la Ciénaga para vestir y alimentarse. Se visten con pieles, se alimentan de las mutaciones, y pelean juntos contra los miembros de los otros bandos que deciden cazarlo.s Pese a no ser el grupo más numeroso, la unidad y la forma que tienen de cuidarse les hace fuertes frente a los enemigos. Pueden convertirse en una fuerza a tener en cuenta.
Son el grupo más tolerante de todos, ya que la única norma que tienen es no traicionarse entre ellos, y es difícil que alguien se lo plantee, ya que la tribu es lo que les mantiene a salvo de la Ciénaga y de sus enemigos.
Viven de la caza de las mutaciones, fabricando utensilios con sus restos y alimentándose de su carne, manteniendo algún que otro trueque con el Ejército humano que vive en La Base, ya que la Unidad de Defensa Contra lo Sobrenatural es el grupo que mantiene una actitud más tolerante hacia ellos. Aun así es poco lo que consiguen de ellos, y carecen de las fuerzas sanadoras que poseen los otros. Por eso es frecuente ver en ellos a enfermos y contaminados, o individuos heridas de cauterizaciones. También es común que la movilización de la tribu se vea paralizada por que tengan esperar a que los heridos en algún ataque se recuperen.
Aunque la vida de los Errantes es de las mas duras, tienen cierta ventaja sobre los otros grupos, y es que allí no se tiene en cuenta la raza de la persona de la que te enamoras: las relaciones entre razas no están prohibidas, y por eso la tribu errante es el refugio de los amores imposibles en este nuevo mundo.
Dentro del grupo de los Errantes solo tenéis una raza nueva, que se verá a continuación. Como el resto de personajes son exiliados o desterrados de los otros grupos, debéis leéroslos, escoger alguno, y agregar en la historia por qué se exilia o lo destierran. En el único caso que no es tan necesario es en el de los Ángeles, ya que al exiliarse o ser desterrados se convierten automáticamente en ángeles Caídos.



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Re: Los Errantes
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No siempre los Ángeles consiguen mantener su voluntad férrea e inquebrantable en su fe en Dios. De hecho, a veces no son del todo capaces de creer en su propio propósito, o si de verdad lo que hacen es lo correcto o no. Las dudas asoman cada vez más, acechantes y traicioneras, en los últimos años, ahora que los mundos se han fsionado, y la influencia de los humanos y los demonios están empezando a hacer mella en los corazones de los Ángeles.
De vez en cuando, estos ángeles, atormentados por las dudas, ven cómo en su interior van creciendo los sentimientos más humanos, cómo empiezan a dominarles las pasiones, cómo los pensamientos negativos van socavando su fe. Es un proceso muy desagradable para cualquier ángel, y normalmente es un auténtico martirio tanto a nivel psicológico como, hasta a veces, físico. Los Ángeles no son creados, ni educados, para sentir algo tan fuerte, o para darse cuenta de que, de repente, un día, despiertan y se dan cuenta de que la fe en su Dios no es tan poderoa, y empiezan a preguntar cosas y plantearse caminos alternativos, señal inequívoca de la aparición del libre albedrío.
Un Ángel es un siervo del Señor, se supone que debe cumplir su voluntad por encima de todo, por encima de él mismo, a veces incluso por encima del resto. Pero si ese ángel no está al 100% seguro de lo que está haciendo, ¿cuánto tiempo creéis que puede seguir ocultando su creciente perturbación interior sin cometer ni un sólo error?
En algunas ocasiones, los ángeles deciden exiliarse o abandonar las filas del Ejército Celestial, torturados por sentimientos como la envidia, la rabia, la soberbia... o incluso el aprecio, el dolor de la pérdida, o el amor. Intuyen lo que les está pasando, y deciden alejarse por sí mismos de los demás compañeros, conscientes de que al final acabarán siendo rechazados, o sintiéndose terriblemente solos e incomprendidos.
Pero en la mayoría de los casos, es sólo cuestión de tiempo que el ángel acabe dejándose guiar por su corazón y su instinto antes que por la fe, y eso, acaba provocando que se incumplan las reglas del Nuevo Edén. En estos casos, son los propios Tronos los encargados de su expulsión, e incluso de, en casos en el que el delito cometido implique algo grave como un asesinato, ponerle precio a su cabeza.
El destino de un Caído cuando, por una razón o por otra, acaba siendo rechazado por los suyos, es del todo incierto. Muchos se sienten solos porque ya no pueden acceder a la red espiritual de los Ángeles, o sólo pueden escuchar voces y visualizar horribles acontecimientos concretos, de forma caótica y desordenada, relacionados con ellos mismos o con algún ser querido. A medida que pasa el tiempo, acaban olvidándose de por qué han caído o cómo han llegado a esa situación. Dicen que los casos más extremos olvidan incluso cómo volar...
Algunos Caídos pasan algún tiempo en el exilio, y acaban regresando ofreciendo sus servicios como mercenarios al Ejército Celestial, en un desesperado intento de recuperar lo que han perdido... o de protegerse de los cazadores humanos y perversos demonios que disfrutan a sobremanera arrancándole las alas a un ángel antes de matarlo.
Otros consiguen sobrevivir solos durante un buen tiempo, y se vuelven lo que en este mundo se califica como Errantes. Sin embargo, la realidad más dura, es que una gran mayoría de ángeles Caídos acaban encontrando su sitio entre las fuerzas del Ejército Infernal, e incluso, escalan en la jerarquía de poder de los Demonios.
A primera vista, tal vez un Caído no sea muy diferente a cualquier Ángel. Mantienen una palidez y una hermosura de tinte etéreo, y siguen manteniendo sus dos alas a la espalda. Sin embargo, pronto empiezan a apreciarse las abismales diferencias que hay entre este tipo de ángeles y el resto de sus antiguos hermanos. Para empezar, su aura: su apreciación a menudo se torna demasiado "humana" para los Ángeles, y demasiado extraña para los humanos. Y es que, realmente, los Caídos podrían definirse como Ángeles que se han humanizado hasta tal punto, que han transformado su propia esencia. Los tatuajes Divinos han desaparecido de su piel, como símbolo de que han renunciado a su camino como Ángeles. Han perdido el brillo blanco y puro de sus alas, tornándose éstas de un color gris y sin vida, convirtiéndose en el reflejo de su propia Alma. A medida que va pasando el tiempo, cuanto más retorcida y malvada se vuelve el Alma de un Caído, (en resumen, cuanto más sufre) más negras se vuelven sus plumas. De alguna manera, esta transformación va seriamente ligada al sufrimiento interno.
Un Caído puede adoptar forma humana, incluso los tatuajes de las alas en la espalda siguen siendo visibles. Pero su aura sigue siendo tormentosa, inestable, su mirada es oscura e inquietante, sus gestos han perdido la gracia celestial y se han vuelto burdos, demasiado... humanos. Hasta su forma de hablar y de expresarse cambia.
Puede que sigan siendo más longevos, ágiles, rápidos y fuertes que cualquier humano normal; pero los Caídos inevitablemente acaban viendo cómo a medida que se apaga la luz de sus alas, desaparece con ella su poder. Da igual a qué casa perteneciera, o qué rango tuviera. Los Ángeles aprenden a usar su poded basándose en la fe en el Creador, y puesto que un Caído ha renunciado o perdido dicha fe, debe encontrar otra fuente de poder en otro lado.
Algunos Ángeles supersticiosos dicen que los Caídos aprendieron en el pasado este poder de los Demonios, y quizá no estén muy equivocados. Pero la realidad es que la esencia de un Caído sigue siendo poderosa, aunque se haya transformado en algo que en muchos casos sólo se puede calificar de horrible. Por ello, con el tiempo, han ido desarrollando nuevas capacidades:
De vez en cuando, estos ángeles, atormentados por las dudas, ven cómo en su interior van creciendo los sentimientos más humanos, cómo empiezan a dominarles las pasiones, cómo los pensamientos negativos van socavando su fe. Es un proceso muy desagradable para cualquier ángel, y normalmente es un auténtico martirio tanto a nivel psicológico como, hasta a veces, físico. Los Ángeles no son creados, ni educados, para sentir algo tan fuerte, o para darse cuenta de que, de repente, un día, despiertan y se dan cuenta de que la fe en su Dios no es tan poderoa, y empiezan a preguntar cosas y plantearse caminos alternativos, señal inequívoca de la aparición del libre albedrío.
Un Ángel es un siervo del Señor, se supone que debe cumplir su voluntad por encima de todo, por encima de él mismo, a veces incluso por encima del resto. Pero si ese ángel no está al 100% seguro de lo que está haciendo, ¿cuánto tiempo creéis que puede seguir ocultando su creciente perturbación interior sin cometer ni un sólo error?
En algunas ocasiones, los ángeles deciden exiliarse o abandonar las filas del Ejército Celestial, torturados por sentimientos como la envidia, la rabia, la soberbia... o incluso el aprecio, el dolor de la pérdida, o el amor. Intuyen lo que les está pasando, y deciden alejarse por sí mismos de los demás compañeros, conscientes de que al final acabarán siendo rechazados, o sintiéndose terriblemente solos e incomprendidos.
Pero en la mayoría de los casos, es sólo cuestión de tiempo que el ángel acabe dejándose guiar por su corazón y su instinto antes que por la fe, y eso, acaba provocando que se incumplan las reglas del Nuevo Edén. En estos casos, son los propios Tronos los encargados de su expulsión, e incluso de, en casos en el que el delito cometido implique algo grave como un asesinato, ponerle precio a su cabeza.
El destino de un Caído cuando, por una razón o por otra, acaba siendo rechazado por los suyos, es del todo incierto. Muchos se sienten solos porque ya no pueden acceder a la red espiritual de los Ángeles, o sólo pueden escuchar voces y visualizar horribles acontecimientos concretos, de forma caótica y desordenada, relacionados con ellos mismos o con algún ser querido. A medida que pasa el tiempo, acaban olvidándose de por qué han caído o cómo han llegado a esa situación. Dicen que los casos más extremos olvidan incluso cómo volar...
Algunos Caídos pasan algún tiempo en el exilio, y acaban regresando ofreciendo sus servicios como mercenarios al Ejército Celestial, en un desesperado intento de recuperar lo que han perdido... o de protegerse de los cazadores humanos y perversos demonios que disfrutan a sobremanera arrancándole las alas a un ángel antes de matarlo.
Otros consiguen sobrevivir solos durante un buen tiempo, y se vuelven lo que en este mundo se califica como Errantes. Sin embargo, la realidad más dura, es que una gran mayoría de ángeles Caídos acaban encontrando su sitio entre las fuerzas del Ejército Infernal, e incluso, escalan en la jerarquía de poder de los Demonios.
A primera vista, tal vez un Caído no sea muy diferente a cualquier Ángel. Mantienen una palidez y una hermosura de tinte etéreo, y siguen manteniendo sus dos alas a la espalda. Sin embargo, pronto empiezan a apreciarse las abismales diferencias que hay entre este tipo de ángeles y el resto de sus antiguos hermanos. Para empezar, su aura: su apreciación a menudo se torna demasiado "humana" para los Ángeles, y demasiado extraña para los humanos. Y es que, realmente, los Caídos podrían definirse como Ángeles que se han humanizado hasta tal punto, que han transformado su propia esencia. Los tatuajes Divinos han desaparecido de su piel, como símbolo de que han renunciado a su camino como Ángeles. Han perdido el brillo blanco y puro de sus alas, tornándose éstas de un color gris y sin vida, convirtiéndose en el reflejo de su propia Alma. A medida que va pasando el tiempo, cuanto más retorcida y malvada se vuelve el Alma de un Caído, (en resumen, cuanto más sufre) más negras se vuelven sus plumas. De alguna manera, esta transformación va seriamente ligada al sufrimiento interno.
Un Caído puede adoptar forma humana, incluso los tatuajes de las alas en la espalda siguen siendo visibles. Pero su aura sigue siendo tormentosa, inestable, su mirada es oscura e inquietante, sus gestos han perdido la gracia celestial y se han vuelto burdos, demasiado... humanos. Hasta su forma de hablar y de expresarse cambia.
Puede que sigan siendo más longevos, ágiles, rápidos y fuertes que cualquier humano normal; pero los Caídos inevitablemente acaban viendo cómo a medida que se apaga la luz de sus alas, desaparece con ella su poder. Da igual a qué casa perteneciera, o qué rango tuviera. Los Ángeles aprenden a usar su poded basándose en la fe en el Creador, y puesto que un Caído ha renunciado o perdido dicha fe, debe encontrar otra fuente de poder en otro lado.
Algunos Ángeles supersticiosos dicen que los Caídos aprendieron en el pasado este poder de los Demonios, y quizá no estén muy equivocados. Pero la realidad es que la esencia de un Caído sigue siendo poderosa, aunque se haya transformado en algo que en muchos casos sólo se puede calificar de horrible. Por ello, con el tiempo, han ido desarrollando nuevas capacidades:
- Llanto de Banshee: Los ángeles Caídos pueden entonar su propia canción. La melodía y las palabras que pronuncian en ella cambian para cada Caído. Pero es una melodía que sólo pueden escuchar entre ellos, ya que para los demás, ángeles, humanos o demonios, sólo suena como un terrible grito, un agonizante chillido que perfora los tímpanos y hiela el corazón, sacando en los demás sus dolores más internos a la luz, y doblegándoles debido al torturador dolor de cabeza y corazón que este grito provoca. Es el auténtico reflejo del dolor interno del Caído, de su desesperación, que la víctima siente como si fuera propio. Cuanto más internamente torturado se siente un Caído, más terrible es el efecto de este poder.
- Elementalista de Sombras: Todos atribuyen las sombras a los demonios. Pero la sombra y la oscuridad poco tienen que ver con el mal. Puesto que todo era caos y oscuridad en el comienzo de los tiempos, antes de la Creación, los Caídos parecen haber desarrollado empatía por este curioso elemento, manejando las sombras a su antojo, ya sea inundando un lugar completo de osucuridad o sacando látigos de sombras. Manejan tan bien este elemento como un Urielita la Tierra o un Gabrielita el Fuego.
- Verdad Oculta: Los ángeles Caídos poseen un Alma que, al humanizarse, se vuelve ciertamente empática, pero en el sentido más oscuro y desolador. Por ello, desarrollan la capacidad de poder ver los más oscuros deseos, miedos e inquietudes de los demás, y pueden sacarlos a relucir en las mentes de los demás, haciendo que la desesperanza se apodere de los corazones ajenos. No utilizan esto para tentar, más bien es una especie de defensa o táctica distractora que usan para poder confundir al enemigo o aturdirlo.
- Presencia Constante: La empatía de los Caídos van más allá del hecho de ver la oscuridad en los demás. Puesto que su mente sólo está a medias conectada con la red espiritual de los ángeles, ahora sus sentidos están más adaptados a lo terrenal. No pueden ver auras ni percibir sentimientos o pensamientos concretos, pero de algún modo, pueden percibir la "presencia" de las esencias que les rodean, sean demoniso, ángeles o humanso, pudiendo identificarles perfectamente sin necesidad de tenerlos delante. Incluso pueden percibir espíritus y fantasmas, pero no hablar con ellos. Si se concentran en alguien concreto, pueden incluso setir dónde y en qué estado está si hacen meditación, pero esto implica una enorme tarea de concentración.



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Re: Los Errantes
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Cuando los Archidemonios, y los Demonios en general, son expulsados o exiliados del Infierno, sufren un constante resentimiento en sus poderes, los cuales a a lo largo del tiempo pierden potencia y capacidad, pero no por ello los pierden por completo. Ni siquiera los Archidemonios pierden el poder adicional, de hecho un archidemonio tardaría siglos en bajar de nivel hasta equipararse con un demonio normal. Pero, al separarse de la fuente que les proporcionaba su mayor poder, sufren una inevitable humanización (el concepto de "Demonio Errante Malo" no existe, ya que si fuera malo se habría quedado en el Infierno, ¿no os parece?), ya que empiezan a sentir los efectos del mundo humano sobre ellos. Por eso, desarrollan Empatía como defecto genérico. Esto es, empiezan a descubrir los sentimientos, y en consecuencia, los de los demás, pero en un modo casi extremo: sienten todo lo que sienten aquellos que están a su alrededor, incluyendo tanto dolor físico como emocional. Eso implica que si atacan a alguien, deben ser cautelosos, pues su propio ataque tendrá un efecto indirecto en ellos, bastante desagradable y al que un Demonio nunca se acostumbra, porque les resulta desconocido y repugnante después del estilo de vida Infernal que han llevado.
A los Tronos NO les sucede lo mismo. Los Demonios son almas retorcidas que han aprendido a sacar su poder de la propia corrupción de su esencia. Pero a los Ángeles, el poder se les otorga por la Gracia de Dios. Eso quiere decir que si un Ángel reniega de Dios o comete un pecado y es rechazado por sus hermanos, pierde automáticamente sus poderes, y se convierte en un Ángel Caído. A los Tronos les pasa exactamente lo mismo, y al contrario que los Archidemonios, no conservan su poder adicional, ya que su esencia "muta", y semejante cambio impide que puedan recurrir a ninguno de sus poderes angelicales, adquiriendo a cambio los poderes de un Caído corriente. Lo único que pueden "rescatar" en ese sentido, es esa cierta sensibilidad residual que les queda de la Red Espiritual Angelical, a la que, de algún mundo, permanecen aún contectados, aunque sea de forma leve.
A los Tronos NO les sucede lo mismo. Los Demonios son almas retorcidas que han aprendido a sacar su poder de la propia corrupción de su esencia. Pero a los Ángeles, el poder se les otorga por la Gracia de Dios. Eso quiere decir que si un Ángel reniega de Dios o comete un pecado y es rechazado por sus hermanos, pierde automáticamente sus poderes, y se convierte en un Ángel Caído. A los Tronos les pasa exactamente lo mismo, y al contrario que los Archidemonios, no conservan su poder adicional, ya que su esencia "muta", y semejante cambio impide que puedan recurrir a ninguno de sus poderes angelicales, adquiriendo a cambio los poderes de un Caído corriente. Lo único que pueden "rescatar" en ese sentido, es esa cierta sensibilidad residual que les queda de la Red Espiritual Angelical, a la que, de algún mundo, permanecen aún contectados, aunque sea de forma leve.



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