El Ejercito Infernal
The Black Halo ::
:: Ambientación
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El Ejercito Infernal
[b]
“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.”
Si el Ejército Celestial se suponía que iba a traer la virtud y la bondad al mundo, el Ejército Infernal vino dispuesto a sumirlo en las sombras. Sombras que devoraron todos los suburbios del sur, surgiendo de la nada una fortaleza, sumiendo en el Infierno todo lo que había a su alrededor, convirtiendo a muchos de sus habitantes en criaturas infernales… ¿Pero de dónde surge todo este gran Mal?
Según cuentan los Sabios y los Ángeles, el origen de este Mal se encuentra en el momento que Dios decidió crear al ser humano… Y es que al dotarlo de libre albedrío, surgió el primer pegado de la historia: la envidia.
Luzbel, y los Ángeles que lo consideraban su General, se opusieron a Dios- Así estalló la Primera Guerra Angelical, que terminó con su derrota y con los ángeles Caídos encerrados en el Infierno.Aquel terrible lugar los cambió, los convirtió en criaturas horribles y malvadas, sedientas de una venganza que no llegaba.
Durante la mutación algo surgió junto a las nuevas criaturas. Cuatro esencias de Mal puro tomaron forma esa noche… Los que fueron llamados los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Hambre, Guerra, Peste y Muerte. Ellos captarían a los Caídos para obtener la venganza sobre el bando de Dios.
Esa venganza ha tardado milenios, eras incluso… Mientras tanto, han influenciado a la más preciada creación de Dios, corrompiéndola, sacando lo peor que había en el corazón de la humanidad, hablándoles desde las sombras en la oscuridad.
Cuando las barreras cayeron, la mayoría de humanos corruptos se convirtieron en Demonios. Los que no, permanecieron en la zona bajo su dominio, viviendo prácticamente como esclavos. Entre los humanos hay una gran diferencia entre los que viven en la zona exterior, y los que son esclavos de la fortaleza.
La vida de los humanos del Círculo Exterior no es muy diferente de la que tenían antes del Apocalipsis, en cualquier suburbio de cualquier ciudad: drogas, prostitución, asesinatos, juego… La única diferencia es que muchas de las drogas están fabricadas con esencia demoníaca, y que muchos de los asesinatos son sacrificios de los desesperados por intentar convertirse en Demonios.
Los que son obligados a vivir en la fortaleza están todos locos. Ningún Alma humana es capaz de soportar los tormentos que se viven en su interior.
En esta zona de la ciudad siempre es de noche, pues su cielo esta siempre encapotado por nubes negras y sulfurosas que sirven de protección contra los ataques aéreos procedentes del Ejército Celestial.
El motivo por el que un Demonio puede ser destruido o desterrado, es porque de muestras de bondad, o de debilidad emocional.
Última edición por Apocalypsis el Sáb Sep 10, 2011 4:04 pm, editado 1 vez



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Re: El Ejercito Infernal
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En la zona de The Hells Gates, todo aquel que no sea Demonio tiene el rango de esclavo. Son principalmente Humanos y Caídos, cuya Alma no se ha corrompido lo suficiente como para convertirse en Demonios. Dentro de ellos hay diferencia entre los que viven en el Círculo Exterior, y los que viven en la Fortaleza.
Los que moran en el Circulo Exterior no son tratados como propiedad, de una forma directa, por ninguno de los Demonios. No les conviene, por la corrupción de sus Almas. Se encargan de atraparlos en una red de necesidad a través de la “Esencia de Oscuridad”: una droga que les permite un instante de esparcimiento y de escape, pero que es terriblemente adictiva y les va corrompiendo poco a poco.
Los Demonios siempre ofrecen la primera dosis, pero después deben servirlos de alguna forma para conseguir más, y no siempre tienen éxito, pues en ocasiones, por capricho, los Demonios se la niegan. El mono lleva entonces al esclavo a hacer acciones desesperadas por conseguir la dosis, como robar, matar o vender su cuerpo… Es así como van ennegreciendo sus Almas y como terminan convirtiéndose en Demonios. La droga es la que inicia el proceso, y sus acciones son las que permiten que ésta vaya convirtiéndolos en seres infernales, a través de la maldad que se va instalando en sus Almas.
La corrupción de los esclavos puede apreciarse en sus ojos, que se van volviendo negros, rojos o ambarinos; y la esclera (la parte blanca del ojo) parece inyectada en sangre, ya que se marcan los capilares oculares.
Por otro lado, están los esclavos que sirven en la Fortaleza, algo que temen todos los moradores del Círculo Exterior.
La fortaleza es un trozo de Infierno en la Tierra: el aire es prácticamente irrespirable y las propias paredes del lugar gritan de agonía. Una agonía que sólo pueden percibir los que aún pueden albergar emociones. Los Demonios se pasean siempre en su verdadera forma, y quieren que sus impulsos sean saciados bajo dicha apariencia.
Por eso, tanto los ángeles Caídos como los humanos que viven en la fortaleza, han perdido completamente el juicio y la razón… Los que consiguen escapar, o son abandonados, pasean por el Círculo Exterior y por las ciénagas como si se trataran de Almas en pena.
Estas pobres criaturas raramente tienen la oportunidad de transformarse en Demonios… Y sólo los Errantes suelen apiadarse de ellos.
Todos los demonios tienen el don de marcar a otra criatura como esclava, esta marca es su firma y hace que los otros demonios respeten a la criatura marcada y no le hagan daño alguno sin consentimiento del amo, ya que se enfrentarían a la ira de este en caso de hacerlo.
Las marcas de esclavitud son una magia muy poderosa, solo desaparecen con la muerte del amo o cuando este decide liberar al esclavo y la borra. En ningún momento ningún otro demonio (ni siquiera un archidemonio) puede borrarla. Solo la magia celestial más poderosa o algunos ritos llevados a cabo por los maere pueden borrar una marca así. En ningún momento ningún demonio, incluso siendo mas poderoso que él que puso la marca puede borrar esa marca, de hecho si no fuera así los demonios menores dentro de la jerarquía no podrían tener ninguna clase de esclavos a su servicio y los demonios esclavos se liberarían así mismos.
La marca de esclavitud permiten al amo donde se encuentra su esclavo, es una especie de sexto sentido y sirve como localizador si se escapan. Por eso es tan complicado para un esclavo de un demonio escapar a la ciénaga o a cualquier otro lugar.
Esta marca es mas que una simple marca, es el simbolo fisico de que el alma ha sido entregada al demonio dueño de la marca.
Los que moran en el Circulo Exterior no son tratados como propiedad, de una forma directa, por ninguno de los Demonios. No les conviene, por la corrupción de sus Almas. Se encargan de atraparlos en una red de necesidad a través de la “Esencia de Oscuridad”: una droga que les permite un instante de esparcimiento y de escape, pero que es terriblemente adictiva y les va corrompiendo poco a poco.
Los Demonios siempre ofrecen la primera dosis, pero después deben servirlos de alguna forma para conseguir más, y no siempre tienen éxito, pues en ocasiones, por capricho, los Demonios se la niegan. El mono lleva entonces al esclavo a hacer acciones desesperadas por conseguir la dosis, como robar, matar o vender su cuerpo… Es así como van ennegreciendo sus Almas y como terminan convirtiéndose en Demonios. La droga es la que inicia el proceso, y sus acciones son las que permiten que ésta vaya convirtiéndolos en seres infernales, a través de la maldad que se va instalando en sus Almas.
La corrupción de los esclavos puede apreciarse en sus ojos, que se van volviendo negros, rojos o ambarinos; y la esclera (la parte blanca del ojo) parece inyectada en sangre, ya que se marcan los capilares oculares.
Por otro lado, están los esclavos que sirven en la Fortaleza, algo que temen todos los moradores del Círculo Exterior.
La fortaleza es un trozo de Infierno en la Tierra: el aire es prácticamente irrespirable y las propias paredes del lugar gritan de agonía. Una agonía que sólo pueden percibir los que aún pueden albergar emociones. Los Demonios se pasean siempre en su verdadera forma, y quieren que sus impulsos sean saciados bajo dicha apariencia.
Por eso, tanto los ángeles Caídos como los humanos que viven en la fortaleza, han perdido completamente el juicio y la razón… Los que consiguen escapar, o son abandonados, pasean por el Círculo Exterior y por las ciénagas como si se trataran de Almas en pena.
Estas pobres criaturas raramente tienen la oportunidad de transformarse en Demonios… Y sólo los Errantes suelen apiadarse de ellos.
Todos los demonios tienen el don de marcar a otra criatura como esclava, esta marca es su firma y hace que los otros demonios respeten a la criatura marcada y no le hagan daño alguno sin consentimiento del amo, ya que se enfrentarían a la ira de este en caso de hacerlo.
Las marcas de esclavitud son una magia muy poderosa, solo desaparecen con la muerte del amo o cuando este decide liberar al esclavo y la borra. En ningún momento ningún otro demonio (ni siquiera un archidemonio) puede borrarla. Solo la magia celestial más poderosa o algunos ritos llevados a cabo por los maere pueden borrar una marca así. En ningún momento ningún demonio, incluso siendo mas poderoso que él que puso la marca puede borrar esa marca, de hecho si no fuera así los demonios menores dentro de la jerarquía no podrían tener ninguna clase de esclavos a su servicio y los demonios esclavos se liberarían así mismos.
La marca de esclavitud permiten al amo donde se encuentra su esclavo, es una especie de sexto sentido y sirve como localizador si se escapan. Por eso es tan complicado para un esclavo de un demonio escapar a la ciénaga o a cualquier otro lugar.
Esta marca es mas que una simple marca, es el simbolo fisico de que el alma ha sido entregada al demonio dueño de la marca.
Última edición por Apocalypsis el Dom Oct 16, 2011 1:30 pm, editado 2 veces



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Re: El Ejercito Infernal
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Los Demonios son, quizá, los que poseen dos formas más diferenciadas. La forma demoníaca normalmente está influída por la casta a la que pertenecen, pero en general, suelen ser, en pocas palabras, de una forma que en muchas ocasiones se acercan a la palabra "monstruosa". Típicas son las alas, las colas, y otros apéndices, normalmente acompañados de pinchos, colmillos y derivadas protuberancias óseas. Normalmente el color de sus pieles suelen ser en tonos rojos, ocres, oxidados y obsidianas, y es común en ellos verles con zonas prendidas por un permanente fuego que nunca se apaga a no ser que mueran. Ningún demonio en su forma real es agradable a la vista, ya que su deforme forma externa es un reflejo bastante fideligno de cuán corrompida está su alma. Así, la monstruosidad de su froma, siempre dentro de unos cánones más o menos antropomorfos, va volviendose más grotesca a medida que el demonio se vuelve más perturbado.
La forma humana es otro cantar. De nuevo, este aspecto depende de la Casta a la que pertenezca el Demonio. Pero, en general, los Demonios con forma humana son retorcidamente bellos. No porque marquen unos cánones estrictos, posean un físico de infarto, o tengan una belleza etérea como la de los ángeles; sino porque en su apariencia lso humanos siempre encontrarán algo que les atraerá, o inevitablemente, les llamará la atención. Sus ojos siempre son negros o en tonos oscuros, de gesto sombrío o misterioso, siempre teñidos con el tinte de la tentación en sus negras y despiadadas pupilas. Sus auras son inquietantes, los animales terrenales les rehúyen, y los humanos sienten hacia ellos un cierto magnetismo incomprensible.
Y todos tienen un agresivo tribal en forma de corona de espinas que les rodea la cabeza, sobre la nuca, y les atraviesa horizontalmente la frente. Esta marca se conoce generalmente como el "Black Halo", y está presente en todos los Demonios, o en todos aquellos seres del Ejército Infernal que se considere como tal.
Al igual que los Ángeles, estos seres nunca envejecen, pero también son vulnerables a las heridas y a los cánticos sagrados, o las armas benditas y diversos poderes Angélicos. Sin embargo su fuente de poder es bien distinta. Si la de los Ángeles es la fe inquebrantable en su Creador, la de los demonios se basa en la corrupción. Esto significa que el poder de un demonio es más grande cuanto más almas humanas ha corrompido y cuanto más caos y destrucción hayan producido sus viles actos y planes. Esto, claro, tiene su precio. Un Demonio debe siempre hacer el mal y mantener o superar el nivel de almas demonizadas o esclavizadas que tenga, o empezará a perder poder y a volverse débil, y por lo tanto fácilmente desquitable, no sólo por Ángeles o humanos bien armados... sino por los de su propia raza, siempre esperando la caída de las grandes cabezas para pelearse entre ellos por ocupar su lugar.
Ya sea porque lo necesitan para ganar y mantener el poder, o porque sencillamente así lo dicta su naturaleza y la caótica sociedad en la que vivan, los Demonios deben hacer y fomentar aquello que a los ángeles les está prohibido: la forma de vida basada en el desmadre, el vicio y el pecado. Atraer almas a su "lado oscuro" es más una necesidad que un deber. Ya que, a fin de cuentas, al igual que dicen que los humanos puros pueden ascender y transformarse en ángeles, los humanos pecaminosos pueden retorcer sus almas y convertirse en auténticos demonios.
Los Demonios son crueles, son malvados, intrusivos y retorcidos. No hay Demonios realmente buenos, porque básicamente aquellos que se permiten el lujo de la bondad o la compasión, acaban siendo destruidos o destituídos, y acaban muriendo o marchándose al exilio. No existe el aprecio ni la amistad, sólo el interés y el frío trato de la ironía. No hay reglas que seguir, ni tampoco códigos a los que atenerse. Sólo rigen dos normas en el Infierno: la ley del más fuerte, y la ley del más listo. El más fuerte reinará sobre los débiles. Y el más listos reinará sobre los más fuertes.
Los Demonios que combinen ambas artes, serán los que se hagan con el poder. Por eso sí existe cierta jerarquía en los Demonios, como la supremacía actual de los Jinetes del Apocalipsis, o el indiscutible poder de los Archidemonios. Pero no nos engañemos: los Demonios cambian de Archidemonios más que una veleta de dirección, y es algo inevtiable, ya que cualquier error o demostración de debilidad hace que la grandeza de un puesto alto rápidamente se vuelva contra el que lo ocupa.
Las armas Infernales nestán malditas, pues han sido creadas con odio y sed de sangreo venganza, y aunque corten como el acero más real y palpable, los Demonios pueden invocarlas o hacerlas desaparecer a voluntad.
Su odio más visceral se concentra en contra de los Ángeles, y no sin razón, ya que a fin de cuentas después de que desaparecido líder, Lucifer, renegara de ellos, se ha extendido la creencia de que los Ángeles son los verdaderos culpables de la forma de vida de los demonios, y de que realmente si se consiguiera destruir su reino, el Caos más absoluto reinaría en la Tierra, y los humanos no tardarían en caer esclavos o demonizados por sus Señores Demoníacos.
Con los humanos, las relaciones son siempre las mismas: si puedes tentarle, atraélo hacia el mal. Pero si no, esclavízalo, o mátalo. Quizá de la segunda forma te ahorres más trabajo.
Para desgracia de los Ángeles, los Demonios tienen menos posibilidades de humanizarse. Y eso se debe a que, al igual que a los ángeles caídos, a los Demonios se les acaba olvidando la razón por la que cayeron o se revelaron, o sencillamente ni se plantean por qué luchan en esta guerra. Además, su misión principal es tentar a los humanos para engrosar sus filas y su influencia, con lo que es bastante complicado que ocurra lo contrario y un Demonio se dejase influir por un humano. Aunque si esto ocurriera, no creeréis en serio que los Demonios permitirían vivir a individuos así, ¿verdad?
La forma humana es otro cantar. De nuevo, este aspecto depende de la Casta a la que pertenezca el Demonio. Pero, en general, los Demonios con forma humana son retorcidamente bellos. No porque marquen unos cánones estrictos, posean un físico de infarto, o tengan una belleza etérea como la de los ángeles; sino porque en su apariencia lso humanos siempre encontrarán algo que les atraerá, o inevitablemente, les llamará la atención. Sus ojos siempre son negros o en tonos oscuros, de gesto sombrío o misterioso, siempre teñidos con el tinte de la tentación en sus negras y despiadadas pupilas. Sus auras son inquietantes, los animales terrenales les rehúyen, y los humanos sienten hacia ellos un cierto magnetismo incomprensible.
Y todos tienen un agresivo tribal en forma de corona de espinas que les rodea la cabeza, sobre la nuca, y les atraviesa horizontalmente la frente. Esta marca se conoce generalmente como el "Black Halo", y está presente en todos los Demonios, o en todos aquellos seres del Ejército Infernal que se considere como tal.
Al igual que los Ángeles, estos seres nunca envejecen, pero también son vulnerables a las heridas y a los cánticos sagrados, o las armas benditas y diversos poderes Angélicos. Sin embargo su fuente de poder es bien distinta. Si la de los Ángeles es la fe inquebrantable en su Creador, la de los demonios se basa en la corrupción. Esto significa que el poder de un demonio es más grande cuanto más almas humanas ha corrompido y cuanto más caos y destrucción hayan producido sus viles actos y planes. Esto, claro, tiene su precio. Un Demonio debe siempre hacer el mal y mantener o superar el nivel de almas demonizadas o esclavizadas que tenga, o empezará a perder poder y a volverse débil, y por lo tanto fácilmente desquitable, no sólo por Ángeles o humanos bien armados... sino por los de su propia raza, siempre esperando la caída de las grandes cabezas para pelearse entre ellos por ocupar su lugar.
Ya sea porque lo necesitan para ganar y mantener el poder, o porque sencillamente así lo dicta su naturaleza y la caótica sociedad en la que vivan, los Demonios deben hacer y fomentar aquello que a los ángeles les está prohibido: la forma de vida basada en el desmadre, el vicio y el pecado. Atraer almas a su "lado oscuro" es más una necesidad que un deber. Ya que, a fin de cuentas, al igual que dicen que los humanos puros pueden ascender y transformarse en ángeles, los humanos pecaminosos pueden retorcer sus almas y convertirse en auténticos demonios.
Los Demonios son crueles, son malvados, intrusivos y retorcidos. No hay Demonios realmente buenos, porque básicamente aquellos que se permiten el lujo de la bondad o la compasión, acaban siendo destruidos o destituídos, y acaban muriendo o marchándose al exilio. No existe el aprecio ni la amistad, sólo el interés y el frío trato de la ironía. No hay reglas que seguir, ni tampoco códigos a los que atenerse. Sólo rigen dos normas en el Infierno: la ley del más fuerte, y la ley del más listo. El más fuerte reinará sobre los débiles. Y el más listos reinará sobre los más fuertes.
Los Demonios que combinen ambas artes, serán los que se hagan con el poder. Por eso sí existe cierta jerarquía en los Demonios, como la supremacía actual de los Jinetes del Apocalipsis, o el indiscutible poder de los Archidemonios. Pero no nos engañemos: los Demonios cambian de Archidemonios más que una veleta de dirección, y es algo inevtiable, ya que cualquier error o demostración de debilidad hace que la grandeza de un puesto alto rápidamente se vuelva contra el que lo ocupa.
Las armas Infernales nestán malditas, pues han sido creadas con odio y sed de sangreo venganza, y aunque corten como el acero más real y palpable, los Demonios pueden invocarlas o hacerlas desaparecer a voluntad.
Su odio más visceral se concentra en contra de los Ángeles, y no sin razón, ya que a fin de cuentas después de que desaparecido líder, Lucifer, renegara de ellos, se ha extendido la creencia de que los Ángeles son los verdaderos culpables de la forma de vida de los demonios, y de que realmente si se consiguiera destruir su reino, el Caos más absoluto reinaría en la Tierra, y los humanos no tardarían en caer esclavos o demonizados por sus Señores Demoníacos.
Con los humanos, las relaciones son siempre las mismas: si puedes tentarle, atraélo hacia el mal. Pero si no, esclavízalo, o mátalo. Quizá de la segunda forma te ahorres más trabajo.
Para desgracia de los Ángeles, los Demonios tienen menos posibilidades de humanizarse. Y eso se debe a que, al igual que a los ángeles caídos, a los Demonios se les acaba olvidando la razón por la que cayeron o se revelaron, o sencillamente ni se plantean por qué luchan en esta guerra. Además, su misión principal es tentar a los humanos para engrosar sus filas y su influencia, con lo que es bastante complicado que ocurra lo contrario y un Demonio se dejase influir por un humano. Aunque si esto ocurriera, no creeréis en serio que los Demonios permitirían vivir a individuos así, ¿verdad?
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Re: El Ejercito Infernal
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Especialidad: Liderazgo
Poder: Miedo/Muerte
Rango superior: Archidemonio Mephisto
La primera casta de demonios fue engendrada por los hijos del Jinete del Apocalipsis, Muerte. En un principio, eran los encargados de controlar los destinos y el final de las vidas de los mortales, cortando su Hilo de la Vida cuando les llegaba la hora, o creando complejas cadenas de acontecimientos para provocarle la muerte a alguien. Nadie nunca escapa de la influencia de los Carontes, y eso es un hecho.
Sin embargo, en los últimos tiempos, estando ahora reunidos los cuatro Jinetes en el Infierno, estos seres han pasado a formar parte del Ejército Infernal, y por ello, ahora emplean sus artes tanto contra humanos como contra ángeles. En los tiempos antiguos, el poder de los Carontes no tenía efecto sobre los seres celestiales. En la Tierra, ese hecho ha cambiado, ya que los ángeles que empiezan a humanizarse, o los Caídos, son tan vulnerables a ellos como el resto de los humanos.
Contra todo pronóstico, los Carontes son auténticos estrategas de combate, y actúan con una lógica y una objetividad dignas de cualquier computadora. Algunos dicen que su contacto constante con la Muerte ha enfriado tanto sus almas que prácticamente se han vuelto de hielo. Y tal vez sea cierto. Pero la verdad es que eso les permite ser objetivos y terriblemente letales a la hora de trazar planes, estudiar terrenos, deicdir estrategias de combate, sin reparar en sacrificios si con ello pueden alcanzar la victoria. Su principal preocupación es el resultado, y lso medios no importa. Además, cuantos más muertos haya en el campo de batalla, más ganarán ellos...
Los Carontes son carismáticos, pero en esa forma de expresarse y actuar reside un tinte oscuro y escalofriante, siempre teñido de sarcasmo o ironía. De alguna forma, siempre dan la sensación de saber algo que su interlocutor desconoce. A fin de cuentas, dicen que la Muerte tiene la peculiaridad de cambiar muchas perspectivas en aquellos que la ven de cerca...
Su forma física es bastante desagradable. Empiezan teniendo una forma más o menos humanoide, pero con el tiempo su piel se vuelve gris y de aspecto céreo, sus cuencas se hunden y sus ojos se nublan y se quedan en blanco, aunque no por ello pierden el sentido de la vista. Su carne se va descomponiendo, quedándose cada vez más famélicos y cadavéricos, pareciéndose más y más a los cadáveres que reviven. El proceso se detiene cuando, literalmente, se vuelven unos esqueletos andantes.
Algunos Carontes usan armaduras, pero no es algo muy general, ya que con el tiempo no les queda carne que pinchar. No suelen entablar combate directo, su arte es bastante más sutil. Aún así, sus armaduras siempre son de estilos góticos, punzantes y agresivos, muy acorde con sus ropajes normales, siempre negros, con cadenas, púas metálicas y demás. Por el estilo suelen ser también los diseños su arma principal: la guadaña, o "segadora de almas", como se la conoce normalmente. Son armas que hieren no sólo físicamente, sino que también inflingen daños en el alma de aquellos que sienten la mordedura de su oscuro filo.
En resumen, son algo así como los "góticos" entre los demonios, y se han ganado ese apodo no sólo por su forma de vestir, sino por sus poderes y sus creencias afianzadas en todo lo referente a la muerte. Claro que esto es sólo una creencia extendida, ya que no todos los Carontes visten así, aunque los hay que honran ese mote con mucho gusto.
Su poder y su naturaleza les empujan a estar, sí o sí, en contacto con la Muerte. Esto no quiere decir que necesiten matar a alguien para mantener su poder. Pero sí estar cerca cuando esto pase, visitar algún templo o cementerio, etc.
Poder: Miedo/Muerte
Rango superior: Archidemonio Mephisto
La primera casta de demonios fue engendrada por los hijos del Jinete del Apocalipsis, Muerte. En un principio, eran los encargados de controlar los destinos y el final de las vidas de los mortales, cortando su Hilo de la Vida cuando les llegaba la hora, o creando complejas cadenas de acontecimientos para provocarle la muerte a alguien. Nadie nunca escapa de la influencia de los Carontes, y eso es un hecho.
Sin embargo, en los últimos tiempos, estando ahora reunidos los cuatro Jinetes en el Infierno, estos seres han pasado a formar parte del Ejército Infernal, y por ello, ahora emplean sus artes tanto contra humanos como contra ángeles. En los tiempos antiguos, el poder de los Carontes no tenía efecto sobre los seres celestiales. En la Tierra, ese hecho ha cambiado, ya que los ángeles que empiezan a humanizarse, o los Caídos, son tan vulnerables a ellos como el resto de los humanos.
Contra todo pronóstico, los Carontes son auténticos estrategas de combate, y actúan con una lógica y una objetividad dignas de cualquier computadora. Algunos dicen que su contacto constante con la Muerte ha enfriado tanto sus almas que prácticamente se han vuelto de hielo. Y tal vez sea cierto. Pero la verdad es que eso les permite ser objetivos y terriblemente letales a la hora de trazar planes, estudiar terrenos, deicdir estrategias de combate, sin reparar en sacrificios si con ello pueden alcanzar la victoria. Su principal preocupación es el resultado, y lso medios no importa. Además, cuantos más muertos haya en el campo de batalla, más ganarán ellos...
Los Carontes son carismáticos, pero en esa forma de expresarse y actuar reside un tinte oscuro y escalofriante, siempre teñido de sarcasmo o ironía. De alguna forma, siempre dan la sensación de saber algo que su interlocutor desconoce. A fin de cuentas, dicen que la Muerte tiene la peculiaridad de cambiar muchas perspectivas en aquellos que la ven de cerca...
Su forma física es bastante desagradable. Empiezan teniendo una forma más o menos humanoide, pero con el tiempo su piel se vuelve gris y de aspecto céreo, sus cuencas se hunden y sus ojos se nublan y se quedan en blanco, aunque no por ello pierden el sentido de la vista. Su carne se va descomponiendo, quedándose cada vez más famélicos y cadavéricos, pareciéndose más y más a los cadáveres que reviven. El proceso se detiene cuando, literalmente, se vuelven unos esqueletos andantes.
Algunos Carontes usan armaduras, pero no es algo muy general, ya que con el tiempo no les queda carne que pinchar. No suelen entablar combate directo, su arte es bastante más sutil. Aún así, sus armaduras siempre son de estilos góticos, punzantes y agresivos, muy acorde con sus ropajes normales, siempre negros, con cadenas, púas metálicas y demás. Por el estilo suelen ser también los diseños su arma principal: la guadaña, o "segadora de almas", como se la conoce normalmente. Son armas que hieren no sólo físicamente, sino que también inflingen daños en el alma de aquellos que sienten la mordedura de su oscuro filo.
En resumen, son algo así como los "góticos" entre los demonios, y se han ganado ese apodo no sólo por su forma de vestir, sino por sus poderes y sus creencias afianzadas en todo lo referente a la muerte. Claro que esto es sólo una creencia extendida, ya que no todos los Carontes visten así, aunque los hay que honran ese mote con mucho gusto.
Su poder y su naturaleza les empujan a estar, sí o sí, en contacto con la Muerte. Esto no quiere decir que necesiten matar a alguien para mantener su poder. Pero sí estar cerca cuando esto pase, visitar algún templo o cementerio, etc.
- Miedo Visceral: Esta casta de demonios es a menudo la que se encarga de dirigir a las tropas, y no sin razón. Son los mejores líderes entre los demonios, y es porque controlan el miedo en el estado más puro. El miedo es su forma de control, de tortura y de defenderse de otros. Pueden revivir o instaurar terribles sensaciones y recuerdos en los corazones de otros, retorcer su razón y hacerles sucumbir a todo lo que más temen, revivir pesadillas y encerrarles en una jaula mental en la que todo aquello que sea temido saldrá a la luz para la víctima. Es un poder insidioso, controvertido y difícil de anular o bloquear, y afecta tanto a humanos, ocmo ángeles y demonios. Muchos de ellos han caído en la locura después de torturas prolongadas, o se vuelven unos auténticos paranoicos, o, como poco, duermen con pesadillas para el resto de sus días. Por eso, todos los demonios saben que este poder es peligroso y puede afectar incluso a los líderes más peligrosos. Y ningún demonio quiere sufrir las consecuencias de enfadar o irritar a un Caronte...
- Destino Fatídico: Los Carontes tienen la habilidad de controlar la suerte, de una forma algo similar a lo que hacen los ángeles Miquelitas, con la diferencia de que, en el caso de estos demonios, el final de todo cambio siempre será algo malo o, siempre que sea posible, mortal para aquel cuya suerte sea manipulada. Los Carontes son sensibles a los acontecimientos futuros, y siempre pueden recurrir a este poder para modificar las cadenas de acontecimientos a su alrededor para provocar "fortuitas" desgracias o eventos terribles que pueden llevar a la muerte no sólo a los humanos, sino también a los propios ángeles.
- Toque de Escarcha: La mera presencia de los Carontes provoca que toda la vida a su alrededor se minimice o se marchite. Por ello, cuando uno de estos demonios pasa por algún lugar cubierto de vegetación, las plantas mueren y se marchitan a su paso, la tierra se vuelve negra y estéril, los animales huyen lo más lejos que pueden. El soplo de su aliento provoca un frío helador que lo escarcha todo a su alrededor, y despoja de la alegría y las ganas de vivir a todos aquellos que están cerca de ellos. Supuestamente es difícil tratar con los Carontes, algo comprensible si tienes que soportar continuos escalofríos mientras estás en su presencia...
- Los Muertos Caminan: Por supuesto, el elemento que los Carontes controlan no es sino la Muerte en sí misma. Y eso incluye el poder levantar a los muertos de sus tumbas, y hacerlos levantarse como muertos vivientes a su servicio. Para ello, los lugares propicios suelen ser los cementerios, viejos escenarios de batalla, o sitios donde, en resumen, aún queden cuerpos de aquellos que murieron. Son soldados que no perecen si no se les destroza la cabeza, que no sienten dolor, y que buscan, ante todo, devorar y obedecer las órdenes de aquel que les ha invocado. Tranquilos, esto no son zombies, si os muerden, no os transformaréis en uno de ellos. Aunque si morís, tal vez el Caronte responsable decida... añadiros a sus filas.
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Re: El Ejercito Infernal
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Especialidad: Rastreo
Poder: Veneno
Rango superior: ???
El Jinete del Apocalipsis, Peste, trajo consigo una tormenta de lamentos cuando sus plagas y sus enfermedades empezaron a masacrar a los mortales. Sus descendientes no son menos, ya que sus poderes radican en la capacidad apra expandir y promover el desarrollo de las malas cosechas y las epidemias para ver cómo los mortales morían de hambre, de sed, o por enfermedad. Es una forma de matar más generalizada, quizá incluso más destructiva a largo plazo, y más difícil de parar. Peor con el tiempo estos demonios han ido especializándose y refinándose, y entrenando sus artes para motivos más concretos.
Los demonios les tienen bastante respeto, e intentan no acercarse demasado a ellos si no es necesario. Además, fueron los primeros en conseguir que su poder de infección empezase a afectar a los ángeles sobre la Tierra, y eso es un mérito del que no todos pueden alardear.
Los Ahharu son entrenados en el silencioso arte del espionaje, el sigilo y el asesinato. Son auténticos expertos en venenos y antídotos, y poseen habilidades que favorecen su capacidad de rastreo e infiltración.
Son muy rápidos y diestros, siendo su principal atributo la destreza. Aunque a nivel corporal no son los demonios más fuertes, su habilidad es temida en silencio tanto por ángeles como por demonios. Todos saben que sus artes son engañosas, y que un combate contra un Ahharu no tiende a durar demasiado: ellos prefieren matarte rápido y ahorrarse trabajo.
Su forma física es de las humanoides, normalmente en tonos oxidados que, dicen, se van volviendo más y más negro cuantas más víctimas se añaden a sus largas listas. Suelen presentar garras afiladas, cuernos y una cola musculosa y fuerte antes que alas, ya que debido a su velocidad, no suelen necesitarlas. Nunca muestran su rostro, ya que entre ellos su identidad es uno de los secretos más valorados, y por ello suelen llevar velos y máscaras, que evitar ser reconocidos por sus congéneres y otros enemigos que quieran tomar venganza o represalias. Otros dicen que simplemente es porque se averguenzan de sus rostros nauseabundos, pero si esto es verdad, nadie ha podido averiguarlo hasta ahora.
Como humanos siempre son delgados, de mirada desconfiada.
Todos los Ahharu usan armaduras, de tipo ligero y flexible, normalmente dejando buena parte del cuerpo al aire, protegiendo sólo lo que consideren indispensable. Son comunes las correas de cuero y las cintas, sujetando y ocultando armas de tipo arrojadizo, cuchillos, kunais, shurikens, agujas, etc. Sus armas predilectas son las dagas largas, normalmente una en cada mano. Cuentan de estas armas que, si por algún casual quedara algún trozo o esquirla dentro, ésta viajará poco a poco hacia el corazón, hasta atravesarlo y matar a la víctima. Si se intenta extraer el fragmento, éste viajará todavía más rápido hacia el corazón.
Son verdaderos asesinos a sueldo, y se han ganado ciertamente su puesto en el ejército Infernal, no sólo como espías o soldados, sino también como verdaderos boicoteadores, especialmente para los humanos, ya que su don para crear enfermedades es muy preciado, y suelen usarlo a menudo para destrozar sumistros y expandir infeacciones.
Para mantener sus poderes los Ahharu deben hacer lo que saben hacer: matar y expandir su influencia a través de plagas. Cuantas más almas corran de su cuenta, más poderosos se volverán. Y cuanro más ingenioso y resistente sea el virus que expanda, más subirá su reputación.
Poder: Veneno
Rango superior: ???
El Jinete del Apocalipsis, Peste, trajo consigo una tormenta de lamentos cuando sus plagas y sus enfermedades empezaron a masacrar a los mortales. Sus descendientes no son menos, ya que sus poderes radican en la capacidad apra expandir y promover el desarrollo de las malas cosechas y las epidemias para ver cómo los mortales morían de hambre, de sed, o por enfermedad. Es una forma de matar más generalizada, quizá incluso más destructiva a largo plazo, y más difícil de parar. Peor con el tiempo estos demonios han ido especializándose y refinándose, y entrenando sus artes para motivos más concretos.
Los demonios les tienen bastante respeto, e intentan no acercarse demasado a ellos si no es necesario. Además, fueron los primeros en conseguir que su poder de infección empezase a afectar a los ángeles sobre la Tierra, y eso es un mérito del que no todos pueden alardear.
Los Ahharu son entrenados en el silencioso arte del espionaje, el sigilo y el asesinato. Son auténticos expertos en venenos y antídotos, y poseen habilidades que favorecen su capacidad de rastreo e infiltración.
Son muy rápidos y diestros, siendo su principal atributo la destreza. Aunque a nivel corporal no son los demonios más fuertes, su habilidad es temida en silencio tanto por ángeles como por demonios. Todos saben que sus artes son engañosas, y que un combate contra un Ahharu no tiende a durar demasiado: ellos prefieren matarte rápido y ahorrarse trabajo.
Su forma física es de las humanoides, normalmente en tonos oxidados que, dicen, se van volviendo más y más negro cuantas más víctimas se añaden a sus largas listas. Suelen presentar garras afiladas, cuernos y una cola musculosa y fuerte antes que alas, ya que debido a su velocidad, no suelen necesitarlas. Nunca muestran su rostro, ya que entre ellos su identidad es uno de los secretos más valorados, y por ello suelen llevar velos y máscaras, que evitar ser reconocidos por sus congéneres y otros enemigos que quieran tomar venganza o represalias. Otros dicen que simplemente es porque se averguenzan de sus rostros nauseabundos, pero si esto es verdad, nadie ha podido averiguarlo hasta ahora.
Como humanos siempre son delgados, de mirada desconfiada.
Todos los Ahharu usan armaduras, de tipo ligero y flexible, normalmente dejando buena parte del cuerpo al aire, protegiendo sólo lo que consideren indispensable. Son comunes las correas de cuero y las cintas, sujetando y ocultando armas de tipo arrojadizo, cuchillos, kunais, shurikens, agujas, etc. Sus armas predilectas son las dagas largas, normalmente una en cada mano. Cuentan de estas armas que, si por algún casual quedara algún trozo o esquirla dentro, ésta viajará poco a poco hacia el corazón, hasta atravesarlo y matar a la víctima. Si se intenta extraer el fragmento, éste viajará todavía más rápido hacia el corazón.
Son verdaderos asesinos a sueldo, y se han ganado ciertamente su puesto en el ejército Infernal, no sólo como espías o soldados, sino también como verdaderos boicoteadores, especialmente para los humanos, ya que su don para crear enfermedades es muy preciado, y suelen usarlo a menudo para destrozar sumistros y expandir infeacciones.
Para mantener sus poderes los Ahharu deben hacer lo que saben hacer: matar y expandir su influencia a través de plagas. Cuantas más almas corran de su cuenta, más poderosos se volverán. Y cuanro más ingenioso y resistente sea el virus que expanda, más subirá su reputación.
- Serpentis: La sutileza, el veneno, el silencio y la letalidad... con todo ello, resulta inevitable que la serpiente sea algo íntimamente ligado a estos demonios. Por ello, han desarrollado la capacidad de transformarse en serpientes, siempre de algún tipo venenoso, como la cobra, el áspid o la víbora. Cuando esto sucede pierden la capacidad de hablar, pero pueden comunicarse con otros transformados o con las propias serpientes en un idioma basado en siseos y susurros (vibraciones) incomprensibles para todo aquel que no sea un ofidio.
- Infección: Estos demonios pueden controlar las enfermedades, creando verdaderas bombas bacteriológicas que, depositadas en el lugar correcto pueden infectar campos de cultivo, contaminar aguas, o extender verdaderas pandemias que acaban con la vida de los mortales en cuestión de días. Pueden hacer empeorar las enfermedades que un humano ya tenga. Y pueden invocar una especie de maldición que hace que los ángeles pierdan gradualmente su energía vital hasta que la luz de sus alas se apaque.
- Temporis: Podría parecer que los Ahharu pueden manejar el tiempo. Pero realmente no es del todo cierto. Más bien lo que pueden hacer es "moverse a través de él", o hacer que para ellos todo vaya más lento. En resumen, es como si pudieran detener el tiempo durante unos momentos, y reaccionar a "velocidad normal" mientras el resto se mueve a cámara lenta. Visto desde fuera, da la impresión de que se mueven a una velocidad imposible e imperceptible a la vista, como si desaparecieran y sólo dejaran tras de si un leve flash de dónde han estado hace apenas segundos, siendo prácticamente imposible seguir sus movimientos.
- Extinción: Tal vez sea el poder más letal de estos seres, y es el hecho de que pueden transformar su sangre, saliva, sudor... (todos sus fluidos corporales en definitiva) en ácido corrosivo de acción instantánea, pudiendo no sólo escupírselo a alguien a la cara, o haciendo que el acero de una espada se funda al herirlos, sino también impregnándolo en sus armas para utilizarlo a la vez que pelean.
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Re: El Ejercito Infernal
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Especialidad: Tentación
Poder: Seducción
Rango superior: ???
Los auténticos tentadores entre los demonios son los Lilims, y ninguna otra casta hasta ahora ha podido demostrar lo contrario. Estos demonios, liderados por el Jinete del Apocalipsis Hambre, son lso principales encargados de atraer nuevas almas al Infierno y de corromper a la humanidad. Su trabajo ha sido el mismo desde hace siglos, y en las últimas décadas, ha parecido dar por fin su perverso fruto.
Sin embargo, el oficio de esta casta no se queda tan sólo en tentar a los humanos, y a muchos ángeles (lo que para ellos es una especie de deporte nacional). Son, sin duda alguna, los principales esclavistas de todo el Infierno, promoviendo y creando cada vez más y más sirvientes humanos que han caído bajo el peso de sus propios deseos, y ahora han firmado su propia condena bajo la cadena de dolor y humillación de aquel demonio que los compre o los esclavize.
Llamados "súcubos" las féminas, e "íncubos" los hombres, estos demonios, independientemente del sexo que sean, están especializados en la tentación y la corrupción de los sentidos. Sus artes principales se rigen en la satisfacción y la provocación del deseo sexual. Pero también saben hacer otras cosas que no tienen tanto que ver con la lujuria en sí misma, como sacar a la luz los deseos más internos de las personas, y utilizarlos en contra de ellos mismos. En resumen, no sólo saben corromper con la lujuria, sino con el engaño, la traición, el deseo y la avaricia tergiversados hasta el punto más oscuro y malévolo que se pueda imaginar. Son sin duda una peligrosa trampa para todos, y en todos, los sentidos.
El verdadero potencial de un Lilim es la degeneración en sí misma, ya que normalmente cuanta más corrupción consigue a base de sus engañosas artes, más crece su poder. Adoran el Caos y el descontrol, ya que no solo les proporciona un caldo de cultivo ideal en el que ejercer sus influencias, sino que también es parte de sí mismos y de su naturaleza.
Los Lilims usan armaduras para pelear y proteger sus cuerpos, ya que su forma de combate es poco usual: utilizan látigos como arma principal, y pueden llegar a ser increíblemente diestros, contra todo pronóstico. Pero la realidad es que ellos intentan que los combates sean cortos. Normalmente usan la lucha para medir a su adversario, estudiarle y averiguar sus puntos débiles, para después conseguir confundirle y hacerle caer en sus redes. Por eso el estilo de las armaduras, y sus ropajes en general, suelen proteger sólo lo indispensable, dejando partes del cuerpo al aire de forma provocativa, y normalmente, dándole demasiado pie a la imaginación... y a las distracciones.
Los íncubos normalmente tienen una forma humana masculina terriblemente atractiva, de ojos profundos, facciones rectas y proporciones ideales e irresistibles. Las súcubos no se quedan atrás, cambiando los músculos marcados por curvas sugerentes, vientres sensuales y caderas anchas, a juego con un busto generoso. Son como hermosos vampiros de piel clara, afilados colmillos, garras diamantinas y puro deseo bullendo en sus sonrisas y sus gestos. Sin embargo, como demonios, sacan a la luz su verdadera forma: aunque las formas siguen estado exactamente igual de presentes, normalmente presentan cuernos y zonas acorazadas, e hileras de púas en la espada. Todos tienen alas, y una larga cola terminada en punta de flecha, y los cuartos traseros similares a los de una cabra. Sus ojos son como dos carbones encendidos, sin iris, y a menudo, cuanto mayor es su poder, tienen el pelo, las manos, o las partes íntimas envueltas en fuego, o en un peligroso tono incandescente.
Estos demonios son caprichosos, demasiado dados a los tratos y los pactos traicioneros. Buscan divertirse y desmadrarse por encima de todo, a veces incluso por encima de las cosas más serias. Necesitan el deseo y el despilfarre como nosotros el aire para respirar, lo que a veces hace que sea complicado tratar con ellos. Un Lilim siempre intentará seducirte y hacer que caigas en su cama, seas del sexo que seas, o tengas la inclinación que tengas.
Los Lilims son llamados también "vampiros" entre los demonios, y por un buen motivo: para mantener su fuerza y sus poderes activos, los íncubos y los súcubos deben alimentarse obligatoriamente con sangre humana. La sangre animal no les es suficiente, y la de los ángeles les hace daño. La única alternativa a los humanos son los Caídos u otros demonios, y estas dos últimas opciones no sólo son peligrosas sino que además les crean adicción.
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Los auténticos tentadores entre los demonios son los Lilims, y ninguna otra casta hasta ahora ha podido demostrar lo contrario. Estos demonios, liderados por el Jinete del Apocalipsis Hambre, son lso principales encargados de atraer nuevas almas al Infierno y de corromper a la humanidad. Su trabajo ha sido el mismo desde hace siglos, y en las últimas décadas, ha parecido dar por fin su perverso fruto.
Sin embargo, el oficio de esta casta no se queda tan sólo en tentar a los humanos, y a muchos ángeles (lo que para ellos es una especie de deporte nacional). Son, sin duda alguna, los principales esclavistas de todo el Infierno, promoviendo y creando cada vez más y más sirvientes humanos que han caído bajo el peso de sus propios deseos, y ahora han firmado su propia condena bajo la cadena de dolor y humillación de aquel demonio que los compre o los esclavize.
Llamados "súcubos" las féminas, e "íncubos" los hombres, estos demonios, independientemente del sexo que sean, están especializados en la tentación y la corrupción de los sentidos. Sus artes principales se rigen en la satisfacción y la provocación del deseo sexual. Pero también saben hacer otras cosas que no tienen tanto que ver con la lujuria en sí misma, como sacar a la luz los deseos más internos de las personas, y utilizarlos en contra de ellos mismos. En resumen, no sólo saben corromper con la lujuria, sino con el engaño, la traición, el deseo y la avaricia tergiversados hasta el punto más oscuro y malévolo que se pueda imaginar. Son sin duda una peligrosa trampa para todos, y en todos, los sentidos.
El verdadero potencial de un Lilim es la degeneración en sí misma, ya que normalmente cuanta más corrupción consigue a base de sus engañosas artes, más crece su poder. Adoran el Caos y el descontrol, ya que no solo les proporciona un caldo de cultivo ideal en el que ejercer sus influencias, sino que también es parte de sí mismos y de su naturaleza.
Los Lilims usan armaduras para pelear y proteger sus cuerpos, ya que su forma de combate es poco usual: utilizan látigos como arma principal, y pueden llegar a ser increíblemente diestros, contra todo pronóstico. Pero la realidad es que ellos intentan que los combates sean cortos. Normalmente usan la lucha para medir a su adversario, estudiarle y averiguar sus puntos débiles, para después conseguir confundirle y hacerle caer en sus redes. Por eso el estilo de las armaduras, y sus ropajes en general, suelen proteger sólo lo indispensable, dejando partes del cuerpo al aire de forma provocativa, y normalmente, dándole demasiado pie a la imaginación... y a las distracciones.
Los íncubos normalmente tienen una forma humana masculina terriblemente atractiva, de ojos profundos, facciones rectas y proporciones ideales e irresistibles. Las súcubos no se quedan atrás, cambiando los músculos marcados por curvas sugerentes, vientres sensuales y caderas anchas, a juego con un busto generoso. Son como hermosos vampiros de piel clara, afilados colmillos, garras diamantinas y puro deseo bullendo en sus sonrisas y sus gestos. Sin embargo, como demonios, sacan a la luz su verdadera forma: aunque las formas siguen estado exactamente igual de presentes, normalmente presentan cuernos y zonas acorazadas, e hileras de púas en la espada. Todos tienen alas, y una larga cola terminada en punta de flecha, y los cuartos traseros similares a los de una cabra. Sus ojos son como dos carbones encendidos, sin iris, y a menudo, cuanto mayor es su poder, tienen el pelo, las manos, o las partes íntimas envueltas en fuego, o en un peligroso tono incandescente.
Estos demonios son caprichosos, demasiado dados a los tratos y los pactos traicioneros. Buscan divertirse y desmadrarse por encima de todo, a veces incluso por encima de las cosas más serias. Necesitan el deseo y el despilfarre como nosotros el aire para respirar, lo que a veces hace que sea complicado tratar con ellos. Un Lilim siempre intentará seducirte y hacer que caigas en su cama, seas del sexo que seas, o tengas la inclinación que tengas.
Los Lilims son llamados también "vampiros" entre los demonios, y por un buen motivo: para mantener su fuerza y sus poderes activos, los íncubos y los súcubos deben alimentarse obligatoriamente con sangre humana. La sangre animal no les es suficiente, y la de los ángeles les hace daño. La única alternativa a los humanos son los Caídos u otros demonios, y estas dos últimas opciones no sólo son peligrosas sino que además les crean adicción.
- Pecado Carnal: Cuando un íncubo, o una súcubo, adquieren forma humana, pueden activar este poder que hace que su aura se vuelva magnética, y su esencia, deseable. De alguna forma, despiertan el deseo y la codicia escondida en las almas humanas, y de algunos ángeles, a través del físico. Cada movimiento se vuelve hipnótico, y cada palabra una invitación velada a tomar aquello que, en apariencia, tan gratuitamente les ofrecen. Lo cierto es que este poder no se basa sencillamente en la atracción sexual: si el acto se consuma, aquel que haya caído en él cae preso de la lujuria, lo cual significa que sus neceisdades físicas se trastornan: un ángel se vería incapaz de refrenar su deseo, y un humano sería capaz de violar a su propia hermana (o hermano) con tal de experimentar esas sensaciones una vez más. De alguna forma, se vuelven unos yonkies del sexo, y buscan desesperadamente repetir la experiencia vivida con el Lilim a toda costa, y eso puede llevarles a hacer cosas terribles. Los efectos suelen pasarse tras varias semanas.
- Dulce Promesa: Cuando la atracción física no funciona, entonces los Lilims pasan al plan B. No todos los ángeles o los humanos... incluso no todos los demonios, cane fácilmente en las redes del deseo sexual. Algunos tienen una voluntad más férrea. Pero para estos tentadores, no hay prueba insuperable. Por ello, pueden concederle un deseo a alguien. Pueden ofrecerle aquello que más anhelan indagando en los rincones más oscuros de su Alma, y ofrecerles un trato a cambio de darles lo que realmente desean en el fondo de su Alma. Pocos pueden resitirse a estas promesas, y son muchos los que hacen algún trato con un íncubo o una súcubo, a cambio de algo (un trato es un trato: para recibir, debes dar algo a cambio). La realidad es que, una vez hecho el pacto, el único realmente beneficiado es el Lilim: el deseo se cumplirá, de una forma cruel y horrible que hará que el implicado deseará no haber hecho nunca el trato, ya que, además, tendrá que pagar su parte aunque los resultados hayan sido nefastos. Un pacto no puede anularse, a no ser que el Lilim haga un nuevo pacto que implica la absolución del anterior, o que el implicado cumpla su parte del trato. Muchos Lilims aprovechan esto para esclavizar humanos, o ponerlos a su servicio, aunque el qué decidan recibir acambio, depende enteramente de ellos.
- Magia de Sangre: Un poder peligroso, basado en el sacrificio y el dolor. La magia de sangre permite al Lilim provocar dolor en el cuerpo de otro, hacer que su sangre hierva, que sus venas exploten, o que se reabran las viejas heridas de guerra. Provando la sangre de otro, pueden provocarse un corte a sí mismos, y dejar que sea ese otro el que pague las consecuencias de la herida. Es un poder oscuro y maligno, diseñado para imposibilitar en la medida de lo posible al contrincante, o de debilitarle lo máximo posible, para así evitar el combate.
- Instinto Primario: Cuando un Lilim hace acto de presencia en algún lugar donde haya gente, algo cambia en el ambiente. Todo el mundo se vuelve irascible, y por alguna razón, todo empieza a salir mal. Los instintos más primarios de las personas salen a luz, de forma que una simple discusión entre dos amigos borrachos puede terminar en una auténtica pelea a muerte entre ellos, siempre y cuando el Lilim sea capaz de manipular cosas como la ira, la rabia o la envidia en su provecho, provocando a los demás. Normalmente el efecto de este poder desaparece cuando el Lilim se va, pero mientras está presente es algo que empiezan siendo pequeño e invisible, pero que, cuando crece, puede terminar siendo fatal. Para muchos demonios, esto no es sino un divertido juego con el que entrenar, y una forma más de tentar a la humanidad a hacer el mal, provocando que se rebaje a los instintos más salvajes e irracionales de su naturaleza.
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Re: El Ejercito Infernal
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Especialidad: Combate
Poder: Furia
Rango superior: ???
Son sin duda la casta de demonios más terrible y letal. Allí por donde pasan, dejan tras de sí un rastro de devastación capaz de helar el corazón más insensible. Son la ola de la destrucción, comandada por el Jinete del Apocalipsis, Guerra. Y son el ejército armado más poderoso con el que cuentan los demonios.
Son ellos los que forman el verdadero grueso de su ejército, los guardianes de su fortaleza, y los encargados de mantener en cierto "orden" a las criaturas del infierno. Un orden en el que ellos siempre estarán en la cúspide de la pirámida, claro está.
Durante siglos han querido dominar el infierno y han peleado contra las otras castas. Pero más tiempo aún llevan combatiendo cara a cara a los ángeles, especialmente a los Miquelitas, sus más odiados rivales, después de que el Arcángel Miguel liderase al Ejército Celestial por primera vez contra Lucifer y la horda de ángeles rebeldes. De hecho, se dice que esta casta surgió de los primeros rebeldes que se enfrentaron a esos ángeles, y que por eso mantienen esa desmedida sed de venganza que los vuelve tan destructivos.
Los Kaessar son implacables en combate, y han sido entrenados en todas las formas y armas habidas y por haber. Dicen que algunos saben incluso utilizar armas de fuego, aunque por lo general prefieren las armas blancas. Su dominio es la guerra, su poder la furia, y su único deseo el aplacar una sed de venganza que nunca terminará, y que sólo irá creciendo con el tiempo.
Los Kaessar son particularmente fuertes y resistentes, y no sin razón. Su único fin es arrasar, destruir, dominar y disfrutar de lo conquistado, para aburrise de ello después y buscar un nuevo objetivo. Suelen esclavizar a los conquistados, sean ángeles, humanos o demonios; torturarlos durante un tiempo, y después matarlos para hacer sitio al siguiente "botín de guerra".
Siemrpe utilizan armaduras pesadas, recurriendo con frecuencia a las cadenas y los adornos de tipo gargóleo o calavérico. Normalmente usan espadas, aunque pueden defenderse con cualquier tipo de arma grande y pesada, ya que las normales o las pequeñas normalmente acaban hechas añicos en sus manos. Es bastante común ver a los Kaessar empuñando Espadas Gabrielitas rotas o fragmentadas con las que han conseguido hacer un pacto de Sangre, un premio bastante bien considerado, ya que no hay nada mejor visto entre estos demonios que derrotar a un ángel guerrero en un combate encarnizado.
En forma humana normalmente son más bien impactantes antes que bellos, y en todos lso casos tienen una constitución fuerte y poderosa. Como demonios, son unos de los pocos tipos que van a cuatro patas buena parte del tiempo, aunque también pueden andar erguidos si lo desean. Su forma y su aspecto es realmente animal, con patas fuertes y musculosas, ideales para correr o saltar varios metros. Sus brazos y su torso son anchos y musculados, duros como piedras. Poseen todo tipo de cuernos, pinchos y otras protuberancias óseas; y unas poderosas mandíbulas de predador, repletas de dientes afilados, a veces dispuestos en varias filas. Muchos incluso segregan una queratina natural que cubre parte de su cuerpo, más dura que el titanio, y muy cotizada por los humanos para hacer chalecos antibalas y otras piezas de armadura. Casi todos tienen un par de enormes alas, y colas largas y poderosas.
Por norma general, los Kaessar son violentos, irritables e irascibles. Nunca atienden a razones y siempre buscarán tener la razón sin dejar que nada ni nadie les replique, o se interponga en su camino, aunque sea incrustándole a alguien la espada en la garganta.
Esta poderosa raza de demonios tiene, sin embargo, dos debilidades básicas: la principal es su facilidad para caer presos de la ira y el orgullo, lo cual a veces hace que actúen sin pensar lo más mínimo, o quedando en ridículo ante sus compañeros, lo que dañará inevitablemente su reputación. Un Kaessar siempre tomará venganza contra aquel que se atreva a difamarle o a atentar contra su vida. La segunda se da en el caso de haber hecho el Pacto de Sangre, ya que si el demonio no cumpliera su parte del trato, podría acabar realmente mal, y a manos de su propia espada...
Poder: Furia
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Son sin duda la casta de demonios más terrible y letal. Allí por donde pasan, dejan tras de sí un rastro de devastación capaz de helar el corazón más insensible. Son la ola de la destrucción, comandada por el Jinete del Apocalipsis, Guerra. Y son el ejército armado más poderoso con el que cuentan los demonios.
Son ellos los que forman el verdadero grueso de su ejército, los guardianes de su fortaleza, y los encargados de mantener en cierto "orden" a las criaturas del infierno. Un orden en el que ellos siempre estarán en la cúspide de la pirámida, claro está.
Durante siglos han querido dominar el infierno y han peleado contra las otras castas. Pero más tiempo aún llevan combatiendo cara a cara a los ángeles, especialmente a los Miquelitas, sus más odiados rivales, después de que el Arcángel Miguel liderase al Ejército Celestial por primera vez contra Lucifer y la horda de ángeles rebeldes. De hecho, se dice que esta casta surgió de los primeros rebeldes que se enfrentaron a esos ángeles, y que por eso mantienen esa desmedida sed de venganza que los vuelve tan destructivos.
Los Kaessar son implacables en combate, y han sido entrenados en todas las formas y armas habidas y por haber. Dicen que algunos saben incluso utilizar armas de fuego, aunque por lo general prefieren las armas blancas. Su dominio es la guerra, su poder la furia, y su único deseo el aplacar una sed de venganza que nunca terminará, y que sólo irá creciendo con el tiempo.
Los Kaessar son particularmente fuertes y resistentes, y no sin razón. Su único fin es arrasar, destruir, dominar y disfrutar de lo conquistado, para aburrise de ello después y buscar un nuevo objetivo. Suelen esclavizar a los conquistados, sean ángeles, humanos o demonios; torturarlos durante un tiempo, y después matarlos para hacer sitio al siguiente "botín de guerra".
Siemrpe utilizan armaduras pesadas, recurriendo con frecuencia a las cadenas y los adornos de tipo gargóleo o calavérico. Normalmente usan espadas, aunque pueden defenderse con cualquier tipo de arma grande y pesada, ya que las normales o las pequeñas normalmente acaban hechas añicos en sus manos. Es bastante común ver a los Kaessar empuñando Espadas Gabrielitas rotas o fragmentadas con las que han conseguido hacer un pacto de Sangre, un premio bastante bien considerado, ya que no hay nada mejor visto entre estos demonios que derrotar a un ángel guerrero en un combate encarnizado.
En forma humana normalmente son más bien impactantes antes que bellos, y en todos lso casos tienen una constitución fuerte y poderosa. Como demonios, son unos de los pocos tipos que van a cuatro patas buena parte del tiempo, aunque también pueden andar erguidos si lo desean. Su forma y su aspecto es realmente animal, con patas fuertes y musculosas, ideales para correr o saltar varios metros. Sus brazos y su torso son anchos y musculados, duros como piedras. Poseen todo tipo de cuernos, pinchos y otras protuberancias óseas; y unas poderosas mandíbulas de predador, repletas de dientes afilados, a veces dispuestos en varias filas. Muchos incluso segregan una queratina natural que cubre parte de su cuerpo, más dura que el titanio, y muy cotizada por los humanos para hacer chalecos antibalas y otras piezas de armadura. Casi todos tienen un par de enormes alas, y colas largas y poderosas.
Por norma general, los Kaessar son violentos, irritables e irascibles. Nunca atienden a razones y siempre buscarán tener la razón sin dejar que nada ni nadie les replique, o se interponga en su camino, aunque sea incrustándole a alguien la espada en la garganta.
Esta poderosa raza de demonios tiene, sin embargo, dos debilidades básicas: la principal es su facilidad para caer presos de la ira y el orgullo, lo cual a veces hace que actúen sin pensar lo más mínimo, o quedando en ridículo ante sus compañeros, lo que dañará inevitablemente su reputación. Un Kaessar siempre tomará venganza contra aquel que se atreva a difamarle o a atentar contra su vida. La segunda se da en el caso de haber hecho el Pacto de Sangre, ya que si el demonio no cumpliera su parte del trato, podría acabar realmente mal, y a manos de su propia espada...
- Sed de Venganza: De la misma forma que los Gabrielitas pueden ignorar las heridas de un combate y caer en un terrible frenesí combativo; algo parecido les ocurre a los Kaessar cuando se ven rodeados de sangre y muerte, en medio del fragor de la batalla, también entran en ese estado de trance destructivo, mucho más visceral y terrible que el de los ángeles guerreros. Los Kaessar se mueven buscando víctimas, sin más, les da igual que sea amigo o enemigo. Durante un buen rato, tan sólo querrá hundir su espada en alguien o en algo, y bañarse en su sangre, llegando a crear espectáculos realmente dantescos y gores, torturando y matando sin pararse a pensar en nada más, volviéndose en una trituradora de carne imparable.
- Último Grito: Cuando un Kaessar se convierte en un demonio de pleno derecho, pasa por un doloroso y tormentoso proceso, en el que toda la ira y la rabia acumuladas sale a la luz, convirtiéndose en su fuerza. Dicen que el Grito de estos demonios recuerda a este proceso, y es tan fuerte y potente, que puede crear una onda sónica expansiva, terriblemente destructiva y cortante, que se expande varias decenas de metros a la redonda, rebanando por la mitad todo lo que encuentra a su paso, o destruyéndolo en mil pedazos con su increíble potencia vibratoria. Dicen que quienes lo escuchan demasiado de cerca pueden quedarse sordos de por vida.
- Llanto de Guerra: Los Kaessar son los únicos demonios que cantan. Cuando usan este poder, normalmente varios demonios de esta casta se unen en un coro espectral, en el que, al alzar sus voces contra sus enemigos, son capaces de robarles la moral y las ganas de luchar, dejándoles desanimados, sin energía ni motivación, llegando incluso a olvidar por qué están en el campo de batalla. Así consiguen muchas veces que los enemigos huyan o deserten en pleno combate, disgregándose, para así después ir tras ellos y masacrarlos.
- Pacto de Sangre: Los Kaessar tienen un poder similar al de los Gabrielitas, y es la capacidad de pactar con su arma de forma que ésta se vuelve una especie de extensión de sí mismo y adquiere voluntad propia. Pero atención, este pacto requiere sangre. El Kaessar hace el juramento con su arma haciéndose a sí mismo un corte. En él, promete no separarse nunca de este arma, ni utilizar otra que no sea esa, darle a provar sangre y víctimas con regularidad, y no pactar con ningún otro arma de guerra. SI no lo cumple, la espada buscará la sangre en la carne de su dueño, para saciarse, o le traicionará en medio de un combate, o tal vez, pasando a manos de otro para que así el antiguo dueño muera bajo su propio filo. Faltar a este pacto puede ser fatal, ya que no hay nada más vergonzoso para un Kaessar que morir dolorosamente a manos de su propia espada.
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Re: El Ejercito Infernal
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Resulta irónico que los Maere, al igual que los Kamaelitas, sean el resultado de un grupo cuyo líder, en este caso Lucifer, ha desaparecido en los albores de la peor Guerra de todos los tiempos. Pero, de hecho, así es. Y de la misma manera, antes de desaparecer, Lucifer dejó el cargo a sus Archidemonios y se encargó de afianzar bien sus creencias y sus lecciones para que así su propia casta de demonios no perdiera su poder. Y lo cierto es que, hasta el momento, lo están haciendo bastante bien, pues están tan presentes y bien (o mal) considerados en la guerra como las demás castas, sin ser ni más ni menos que las demás. Han sabido abrirse su propio hueco entre las huestes de demonios, y han sabido también mantener su lugar.
Su poder, basado en la invocación y la magia, es temido y envidiado por muchos, y menospreciado por tantos otros. Pero los resultados hasta ahora han sido incuestionable, y habiendo ángeles capaces de hacer magia, demonios con la misma capacidad nunca son mal recibidos.
Los demonios tienen sus propias fuentes de conocimientos, ya sea mendiante los tomos profanos y testamentos apócrifos o satánicos que han ido salvando, o utilizando a los ángeles Caídos para acceder a la red espiritual angelical y robar de ella sus secretos. De cualquier manera, los demonios aprenden y memorizan, haciendo gala de su sabiduría y su capacidad de retención. Al igual que los Kamaelitas, a medida que van ampliando su lista de oraciones y conjuros, van ampliando también su poder. Por ello, el fin último de su aprendizaje es precisamente eso: adquirir más y más poder, para, algún día, superar a todas las razas existentes, y sentarse donde legítimamente les corresponde: en el trono del Creador.
Algunos Maere son un poco psicóticos, de costumbres extrañas. Algunos afirman que están locos. Otros que tanto estudiar sencillamente les ha vuelto excéntricos o demasiado asociales. Y es que su obsesión por descubrir nuevos poderes prohibidos e invocaciones olvidades a veces no tiene límites: a veces incluso arriesgan su vida por un pergamino que podría no tener nada importante escrito...
Los Maere no usan armadura. De hecho, no la necesitan, porque no entablan combate directo. Algunos usan báculos o varitas para sus invocaciones, pero su verdadero poder combativo reside en su potencial mágico, siempre escrito en un libro que llevana todas partes consigo, atado a una cadena: El Grimorio. En él se encuentran todas las oraciones e invocaciones que han ido aprendiendo, y las cuales recitan, a veces leyendo, a veces de memoria, para invocar espíritus que usan para hacer magia, de una forma más o menos similar a los Kamaelitas.
En forma humana un Maere parece un humano normal, pero que tiene un "algo" que lo hace atrayente o singular, y siempre está rodeado de un aura poderosa, nutrida de confianza en él mismo, casi rozando la superioridad incuestionable, lo que hace que casi nunca se le lleve la contraria. Su forma demoníaca es bastante similar a su forma humana, con ciertas varaiciones, orejas puntiagudas, dos alas a la espalda, garras y cola.
Todos los Maere llevan una venda cubriéndoles los ojos, ya que su capacidad de "ver" es através de las auras y del mundo espiritual, de forma que se mueven prácticamente como si vieran normalmente, sin necesidad de hacerlo para que el plano material no interfiera en su visión. Además de eso, a todos los Maere les crecen unos tatuajes negros a modo de "marca" que se extiende con el tiempo y se iluminan cuando usan su poder. Cada espíritu que invocan les deja una "marca" en forma de un nuevo tatauje que se va añadiendo al anterior, de forma que los Maeres más viejos y experimentados acaban con casi todo el cuerpo negro.
Estos demonios deben ser especialmente cuidadosos con su poder. Para empezar, deben aprender a encadenar, manejar y dominar a los espíritus que invocan, ya que perder el control podría resultar fatal, y desatar la ira de un espíritu esclavizado normalmente acaba provocando verdaderos estragos en el lugar donde ha sido invocado. De la msima forma, deben actualizar su Grimorio, y nunca jamás perderlo, ya que en él se resume todo su conocimiento y su poder.
Poder: Magia Espiritual
Rango superior: Archidemonio Uqbah
Resulta irónico que los Maere, al igual que los Kamaelitas, sean el resultado de un grupo cuyo líder, en este caso Lucifer, ha desaparecido en los albores de la peor Guerra de todos los tiempos. Pero, de hecho, así es. Y de la misma manera, antes de desaparecer, Lucifer dejó el cargo a sus Archidemonios y se encargó de afianzar bien sus creencias y sus lecciones para que así su propia casta de demonios no perdiera su poder. Y lo cierto es que, hasta el momento, lo están haciendo bastante bien, pues están tan presentes y bien (o mal) considerados en la guerra como las demás castas, sin ser ni más ni menos que las demás. Han sabido abrirse su propio hueco entre las huestes de demonios, y han sabido también mantener su lugar.
Su poder, basado en la invocación y la magia, es temido y envidiado por muchos, y menospreciado por tantos otros. Pero los resultados hasta ahora han sido incuestionable, y habiendo ángeles capaces de hacer magia, demonios con la misma capacidad nunca son mal recibidos.
Los demonios tienen sus propias fuentes de conocimientos, ya sea mendiante los tomos profanos y testamentos apócrifos o satánicos que han ido salvando, o utilizando a los ángeles Caídos para acceder a la red espiritual angelical y robar de ella sus secretos. De cualquier manera, los demonios aprenden y memorizan, haciendo gala de su sabiduría y su capacidad de retención. Al igual que los Kamaelitas, a medida que van ampliando su lista de oraciones y conjuros, van ampliando también su poder. Por ello, el fin último de su aprendizaje es precisamente eso: adquirir más y más poder, para, algún día, superar a todas las razas existentes, y sentarse donde legítimamente les corresponde: en el trono del Creador.
Algunos Maere son un poco psicóticos, de costumbres extrañas. Algunos afirman que están locos. Otros que tanto estudiar sencillamente les ha vuelto excéntricos o demasiado asociales. Y es que su obsesión por descubrir nuevos poderes prohibidos e invocaciones olvidades a veces no tiene límites: a veces incluso arriesgan su vida por un pergamino que podría no tener nada importante escrito...
Los Maere no usan armadura. De hecho, no la necesitan, porque no entablan combate directo. Algunos usan báculos o varitas para sus invocaciones, pero su verdadero poder combativo reside en su potencial mágico, siempre escrito en un libro que llevana todas partes consigo, atado a una cadena: El Grimorio. En él se encuentran todas las oraciones e invocaciones que han ido aprendiendo, y las cuales recitan, a veces leyendo, a veces de memoria, para invocar espíritus que usan para hacer magia, de una forma más o menos similar a los Kamaelitas.
En forma humana un Maere parece un humano normal, pero que tiene un "algo" que lo hace atrayente o singular, y siempre está rodeado de un aura poderosa, nutrida de confianza en él mismo, casi rozando la superioridad incuestionable, lo que hace que casi nunca se le lleve la contraria. Su forma demoníaca es bastante similar a su forma humana, con ciertas varaiciones, orejas puntiagudas, dos alas a la espalda, garras y cola.
Todos los Maere llevan una venda cubriéndoles los ojos, ya que su capacidad de "ver" es através de las auras y del mundo espiritual, de forma que se mueven prácticamente como si vieran normalmente, sin necesidad de hacerlo para que el plano material no interfiera en su visión. Además de eso, a todos los Maere les crecen unos tatuajes negros a modo de "marca" que se extiende con el tiempo y se iluminan cuando usan su poder. Cada espíritu que invocan les deja una "marca" en forma de un nuevo tatauje que se va añadiendo al anterior, de forma que los Maeres más viejos y experimentados acaban con casi todo el cuerpo negro.
Estos demonios deben ser especialmente cuidadosos con su poder. Para empezar, deben aprender a encadenar, manejar y dominar a los espíritus que invocan, ya que perder el control podría resultar fatal, y desatar la ira de un espíritu esclavizado normalmente acaba provocando verdaderos estragos en el lugar donde ha sido invocado. De la msima forma, deben actualizar su Grimorio, y nunca jamás perderlo, ya que en él se resume todo su conocimiento y su poder.
- Espiritismo: De la misma forma en la que un Kamaelita canta para llamar a los espíritus; el Maere entona oraciones antiguas para esclavizarlos, normalmente sacándolos de otros planos, como el Averno, para encadenarlos al material temporalmente, y obligándoles a obedecer sus órdenes a cambio de su libertad. Normalmente los espíritus desean regresar a la paz de su plano, y pocos dicen que no, aunque el Maere puede provocarle sufrimiento a través de las cadenas para obligarle. No obstante, esto tiene sus riesgos, pues si las cadenas del Maere no son lo suficientemente fuertes, y el espíritu es muy poderoso, la invocación podría acabar en desastre para el invocador. La fortaleza de estas cadenas dependen ante todo de la práctica, del poder y la determinación.
- Oración Profana: No sólo las salmodias de invocación salen del Grimorio. Los Maere coleccionan antiguos discursos y oraciones satánicas o paganas que hacen daño a los ángeles, y a algunso Caídos o humanos creyentes, provocándoles una enorme tristeza y desazón, o provocándoles un terrible dolor interno, comparable a la pérdida de un ser querido. Con esto los Maere suelen ganar tiempo para invocar a sus espíritus, o simplemente pueden disfrutar de cómo torturan a sus adversarios a través de herirles directamente en el espíritu con el filo de unas cuantas palabras en un idioma ya olvidado.
- Posesión: La capacidad de controlar espíritus también se extiende al espíritu propio. Los Maere pueden hacer que su espíritu abandone su cuerpo entrando en trance, y se apodere el cuerpo de otro siempre y cuando consiga dominar su voluntad. Normalmente esta tarea exige mucha concentración y estar lidiando con el espíritu del poseído para que no interfiera, lo que implica que normalmente el cuerpo del Maere queda expuesto y desprotegido mientras su espíritu anda fuera. Si el cuerpo muere o es destruído durante una posesión, el espíritu del Maere se queda flotando entre el plano espiritual y el material, y necesita ir poseyendo cuerpos para no desaparecer, o que otro Maere le consiga otro cuerpo en el que alojarse.
- Sello de Lucifer: Son los únicos demonios, además del propio Lucifer, que tienen la capacidad de abrir las puertas del Infierno a la Tierra o al Cielo, como si se tratasen de portales. Eso no solo les da la capacidad de moverse de un sitio a otro en cuestión de segundos, sino también de caminar entre planos. De hecho se especula mucho sobre si la causa de la fusión de los tres mundos no sería cosa de algún Maere dispuesto a expermintar con cosas que no debería. Pero sea como sea, esta capacidad entre muchos demonios es bien recibida, ya que al contrario que los Kamaelitas, ellos pueden abrir los portales siempre que quieran.
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Re: El Ejercito Infernal
[b]
Los Archidemonios son el rango intermedio entre los demonios y los Jinetes del Apocalipsis. Destacan entre los demonios por su antigüedad, siendo los más fuertes y poderosos entre éstos. También suelen ser de los más antiguos, destacando algunas excepciones en forma de miembros algo más jóvenes.
Los Archidemonios se diferencian del resto porque su poder es mayor, y porque cada uno ha desarrollado una habilidad propia y original, diferente a la del resto de Demonios. Esta habilidad está relacionada con las habilidades raciales del tipo de casta al que pertenece el Archidemonio.
Los Archidemonios dirigen las tropas Infernales ejerciendo de capitanes. También dirigen los negocios turbios del Círculo Exterior, eligiendo para sí los mas afines a su raza. También disponen de grandes habitaciones en la Fortaleza Infernal, donde tienen varios esclavos para satisfacer sus necesidades.
Pero no todo son facilidades en la vida de un Archidemonio: la traición es una constante en su vida, y no sólo por parte de la ambición de los otros Archidemonios, si no por parte de sus propios subordinados, ya que para que un Demonio pueda subir de rango, debe matar a su predecesor primero, sufriendo así un aumento de poder.
Según se cree, los primeros Archidemonios eran Tronos Caídos, y por eso, cuando un Demonio mata a uno, se convierte en él, ya que reabsorben el poder inicial del Archidemonio.
Al igual que los Demonios, también poseen un arma vinculada a ellos, y la esencia de ésta es más poderosa de lo habitual, y también más letal para las criaturas Celestiales.
Los Archidemonios no pueden, en ningún momento, dar muestras de emociones, ya que si las dan se tomaría como una debilidad, y los Demonios se echarían sobre ellos como hienas sobre un animal herido. Por eso, cuando se ven tocados de ese modo por la humanidad, se destierran en la Cienaga ofreciendo protección a los Errantes.
Los Archidemonios se diferencian del resto porque su poder es mayor, y porque cada uno ha desarrollado una habilidad propia y original, diferente a la del resto de Demonios. Esta habilidad está relacionada con las habilidades raciales del tipo de casta al que pertenece el Archidemonio.
Los Archidemonios dirigen las tropas Infernales ejerciendo de capitanes. También dirigen los negocios turbios del Círculo Exterior, eligiendo para sí los mas afines a su raza. También disponen de grandes habitaciones en la Fortaleza Infernal, donde tienen varios esclavos para satisfacer sus necesidades.
Pero no todo son facilidades en la vida de un Archidemonio: la traición es una constante en su vida, y no sólo por parte de la ambición de los otros Archidemonios, si no por parte de sus propios subordinados, ya que para que un Demonio pueda subir de rango, debe matar a su predecesor primero, sufriendo así un aumento de poder.
Según se cree, los primeros Archidemonios eran Tronos Caídos, y por eso, cuando un Demonio mata a uno, se convierte en él, ya que reabsorben el poder inicial del Archidemonio.
Al igual que los Demonios, también poseen un arma vinculada a ellos, y la esencia de ésta es más poderosa de lo habitual, y también más letal para las criaturas Celestiales.
Los Archidemonios no pueden, en ningún momento, dar muestras de emociones, ya que si las dan se tomaría como una debilidad, y los Demonios se echarían sobre ellos como hienas sobre un animal herido. Por eso, cuando se ven tocados de ese modo por la humanidad, se destierran en la Cienaga ofreciendo protección a los Errantes.
PARA QUE TU PERSONAJE SEA UN ARCHIDEMONIO, DEBE SUPERAR UNA PRUEBA DE ROL ESTABLECIDA POR LA ADMINISTRACIÓN.
Última edición por Apocalypsis el Sáb Sep 10, 2011 4:44 pm, editado 1 vez



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Re: El Ejercito Infernal
[b]
Cuando los primeros Ángeles cayeron al Infierno, pasó algo que no estaba dentro de los planes de Dios. En esa dimensión aséptica surgieron cuatro criaturas que surgieron como fruto de la corrupción de su obra. Éstos son los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Al principio no tenían rostro ni forma. Fue Lucifer quien se los proporcionó, sólo con dotarles de un nombre. El les enseñó los misterios de ese "nuevo mundo" y, conocedor de su poder, los colocó al frente de su Ejército, y a su vez éstos dieron forma a la naturaleza de las nuevas criaturas llamadas Demonios.
Durante el tiempo de encierro en el Infierno, han sido, junto a Lucifer, los únicos con el poder suficiente como para influenciar directamente sobre la humanidad, extendiendo su influencia sobre la Tierra y corrompiendo lo creado por el Señor, cada uno desde su ámbito de influencia.
Casi nadie ha visto sus verdaderos rostros, y suelen ir ocultos por capas.
- Guerra: El caballo de este Jinete es de color rojo, y se dice que bajo la capa se oculta la forma del primero de los Kaessar. Es el Señor de la Destrucción y la Violencia. Se dice que tras todos los conflictos bélicos de la Tierra ha estado su sombra. Es la fuerza bruta de los Cuatro.
- Hambre: Es el Jinete que monta el caballo negro. Se dice que bajo la capa se encuentra la criatura mas bella de toda la Creación: una belleza siniestra capaz de despertar los mas oscuros deseos en el alma humana. El Hambre creó en el ser humano la necesidad innecesaria, los deseos superfluos, la envidia, el deseo por lo prohibido… No es sólo el hambre que atormentaba a los que no tenían nada, es el hambre que genera en el corazón humano algo tan simple como la publicidad.
- Peste: Monta sobre el caballo blanco, y nadie ha visto nunca qué se esconde bajo su capa. Se cree que su cuerpo está completamente cubierto por pústulas y otros signos de enfermedades infecciosas. La peste fue la primera enfermedad, y la impulsora de que el ser humano investigara sobre la guerra bacteriológica, así como la inventora de la energía nuclear y de todas las energías contaminantes.
- Muerte: Monta sobre un caballo bayo, y es el más misterioso de los Jinetes, así como el más temido por su poder. Su aspecto bajo la capa es el de un esqueleto, y su arma, la guadaña. Es temido por todos los Demonios, Ángeles y mortales, pues puede acabar con la vida de todo aquello que está vivo, o que lo ha estado… Se dice que él será quien traiga el Fin de todas las cosas…
Nadie conoce el alcance real del poder de los Cuatro Jinetes, pero se dice que fueron ellos quienes encontraron la forma de abrir las puertas del Infierno y traer a la Tierra la destrucción.
¿El cómo? Nadie lo sabe, pero se rumorea que en la desaparición de Lucifer esta la clave.
Al principio no tenían rostro ni forma. Fue Lucifer quien se los proporcionó, sólo con dotarles de un nombre. El les enseñó los misterios de ese "nuevo mundo" y, conocedor de su poder, los colocó al frente de su Ejército, y a su vez éstos dieron forma a la naturaleza de las nuevas criaturas llamadas Demonios.
Durante el tiempo de encierro en el Infierno, han sido, junto a Lucifer, los únicos con el poder suficiente como para influenciar directamente sobre la humanidad, extendiendo su influencia sobre la Tierra y corrompiendo lo creado por el Señor, cada uno desde su ámbito de influencia.
Casi nadie ha visto sus verdaderos rostros, y suelen ir ocultos por capas.
- Guerra: El caballo de este Jinete es de color rojo, y se dice que bajo la capa se oculta la forma del primero de los Kaessar. Es el Señor de la Destrucción y la Violencia. Se dice que tras todos los conflictos bélicos de la Tierra ha estado su sombra. Es la fuerza bruta de los Cuatro.
- Hambre: Es el Jinete que monta el caballo negro. Se dice que bajo la capa se encuentra la criatura mas bella de toda la Creación: una belleza siniestra capaz de despertar los mas oscuros deseos en el alma humana. El Hambre creó en el ser humano la necesidad innecesaria, los deseos superfluos, la envidia, el deseo por lo prohibido… No es sólo el hambre que atormentaba a los que no tenían nada, es el hambre que genera en el corazón humano algo tan simple como la publicidad.
- Peste: Monta sobre el caballo blanco, y nadie ha visto nunca qué se esconde bajo su capa. Se cree que su cuerpo está completamente cubierto por pústulas y otros signos de enfermedades infecciosas. La peste fue la primera enfermedad, y la impulsora de que el ser humano investigara sobre la guerra bacteriológica, así como la inventora de la energía nuclear y de todas las energías contaminantes.
- Muerte: Monta sobre un caballo bayo, y es el más misterioso de los Jinetes, así como el más temido por su poder. Su aspecto bajo la capa es el de un esqueleto, y su arma, la guadaña. Es temido por todos los Demonios, Ángeles y mortales, pues puede acabar con la vida de todo aquello que está vivo, o que lo ha estado… Se dice que él será quien traiga el Fin de todas las cosas…
Nadie conoce el alcance real del poder de los Cuatro Jinetes, pero se dice que fueron ellos quienes encontraron la forma de abrir las puertas del Infierno y traer a la Tierra la destrucción.
¿El cómo? Nadie lo sabe, pero se rumorea que en la desaparición de Lucifer esta la clave.
LOS JINETES NO SON PERSONAJES ELEGIBLES



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