Preludio
The Black Halo ::
:: La Cienaga :: El Pantano
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Preludio
Jim iba con Naradiel en la moto camino a la base. Se sentía agusto con ella rodeándole de la cintura con sus brazos, por eso iba despacio, para alargar el momento. Un momento en el que la paranoya de Jim se apagó... y no pudo ser uno peor. Un infectado hunter les saltó encima derribándolos de la moto. Jim lo mató de un disparo mientras caían al suelo y la moto paraba chocando con un árbol cercano. El exterminador se levantó y miró a los infectados. En esa zona los árboles casi no dejaban pasar el sol, pero sí que se veían algunos rayos de éste. Debeían estar realmente hambirentos para sufrir todo el dolor que estaban sufriendo por la luz. Además eran muchos... demasiados. Los disparos y las explosiones se sucideron.
"Naradiel, lárgate de aquí. La base no está lejos"
Se quedó el úlimo para cubrir la retaguardia cuando algo le impacto con la fuerza de un camión estampándole contra la pared. Un infectado tanque le tenía apresado y amenazaba con esparcir sus sesos por la pared de un puñetazo. Y entonces... algo extraño ocurrió.
POSESIÓN
Jim sintió como un fuego abrasador le quemaba desde dentro. Gritó de puro dolor y sintió rabia, confusión, ira y desorientación. Pero cuando vio ese puño enorme volando hacia él levantó su mano izquierda y lo detuvo con facilidad. Jim afiló la sonrisa y giró un poco la cabeza. Golpeó la mano que le sujetaba fracturando el hueso del tanque y giró con la mano que había cogido para lanzarlo contras los otros infectados. Espadas en manos saltó hacia ellos y comenzó a destrozarlos, provocando una carnicería. Era mucho más rápido y fuerte, sus reflejos parecían ser más de un superhéroe que de un humano. Cuando conseguían golpearle parecía no sentir los golpes.
Tras unos minutos todo acabó. Comenzó a reirse a carcajadas cada vez más y más altas mientras caminaba, paso a paso, hacia Naradiel.
"Naradiel, lárgate de aquí. La base no está lejos"
Se quedó el úlimo para cubrir la retaguardia cuando algo le impacto con la fuerza de un camión estampándole contra la pared. Un infectado tanque le tenía apresado y amenazaba con esparcir sus sesos por la pared de un puñetazo. Y entonces... algo extraño ocurrió.
POSESIÓN
Jim sintió como un fuego abrasador le quemaba desde dentro. Gritó de puro dolor y sintió rabia, confusión, ira y desorientación. Pero cuando vio ese puño enorme volando hacia él levantó su mano izquierda y lo detuvo con facilidad. Jim afiló la sonrisa y giró un poco la cabeza. Golpeó la mano que le sujetaba fracturando el hueso del tanque y giró con la mano que había cogido para lanzarlo contras los otros infectados. Espadas en manos saltó hacia ellos y comenzó a destrozarlos, provocando una carnicería. Era mucho más rápido y fuerte, sus reflejos parecían ser más de un superhéroe que de un humano. Cuando conseguían golpearle parecía no sentir los golpes.
Tras unos minutos todo acabó. Comenzó a reirse a carcajadas cada vez más y más altas mientras caminaba, paso a paso, hacia Naradiel.




Jim- Exterminador

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Re: Preludio
Naradiel iba casi medio dormida contra la espalda de Jim. Pero el rugido de alerta de Raiden la espabiló casi de inmediato, a tiempo de ver cómo un infectado se estrellaba contra ellos, derribándolos de la moto.
El ángel tuvo el tiempo justo de recurrir a su agilidad para caer en cuclillas en el barro, viendo como Jim rodaba hacia el otro lado, y la moto se estrellaba contra un tronco deteniéndose.
La joven iba a levatarse para acercarse a Jim antes de que lo mordiera el infectado, pero el sonido de un disparo le indicó que el exterminador había reaccionado rápido, matándolo de un tiro.
Cuando quiso llegar junto a él, con Raiden gruñendo con las orejas pegadas al cráneao y mostrando sus enromes colmillos; estaban rodeados de una marabunta de aquellos seres que, contra todo pronóstico, soportaban el ardor de los escasos haces de luz solar sobre su piel mientras se acercaban a ellos entre chillidos y siseos.
- Naradiel, lárgate de aquí. - le ordenó Jim. - La base no está lejos.
- Eso no te lo crees ni tú. - tal vez hubiera perdido poder y la capacidad de volar, pero Naradiel seguía siendo un ángel guerrero con una más que sobrada experiencia contra bichos como esos.
Se acuclilló en el suelo, mientras Jim comenzaba a disparar y a tirar bombas a destajo. Alzó una mano y el arco celestial se materializó al instante, al igual que el carcaj a su espalda. Con rapidez cargó tres flechas y las disparó simultáneamente, alcanzando a tres infectados que se lanzaban a por Jim.
Uno de ellos intento atacarla desde arriba, pero se encontró con las zarpas de Raiden protegiéndola, dispuesto a no permitir que ninguno de esos seres se acercara a ella mientras disparaba, cubriéndole la retaguardia al exterminador.
Sin embargo, pronto se percató de que había muchos, decenas, a plena luz, aunque fuera bajo la cobertura del bosque pantanoso... Y aquello no era normal ni por asomo. Aunque disparase cuatro flechas al mismo tiempo, o cinco, daba igual, más aparecían para ocupar el lugar de los que morían atravesados por ellas.
Un sonido de colisión despistó su atención, para ver como Jim acababa acorralado por uno de los más grandes.
La Urielita intentó correr hacia él, pero un numeroso grupo le detuvo el paso. La joven disparó a dos de ellos a bocajarro, y el leopardo se encargó de espantar al resto...
... de pronto todos los infectados salieron corriendo, asustados. Naradiel siguió el objetivo de sus mriadas, para encontrarse con una imagen que le puso el vello de punta. El hombre destrozó al infectado que lo había placado, y luego lo estampó contra otros de los suyos. Éstos retrocedieorn, sieseando, y se empezaron a internar en la oscuridad.
¿Ese era Jim cuando peleaba al 100%? ¿Ese era el alcance de la fuerza de sus implantes o... era otra cosa?
Y mientras Naradiel sólo podía mirar a aquel Jim de sonrisa macabra y mirada afilada, que no dejaba de carcajearse con algo que sólo podía tachar de crueldad, que ella sólo habia visto en... en los demonios.
Cuando Jim comenzó a acercarse a su posición, Raiden saltó ahcia delante, interponiéndose, gruñéndole y enseñándole los dientes, amenzador. Cuando estuvo a escasos pasos de él, le rugió.
- ¡Raiden! ¿Pero qué te pasa? - Naradiel le dio suavemente con el pie, pra apartarlo, pero el animal no se movió. - Jim... ¿va... va todo bien? - no podía evitar sentir un escalofrío de anticipación y alarma... porque Jim no dejaba de sonreír de aquella manera extraña, y al igual que su compañero animal, Naradiel no dejaba de tener la sensación de que había algo oscuro y extraño en la forma en la que él la miraba.
El ángel tuvo el tiempo justo de recurrir a su agilidad para caer en cuclillas en el barro, viendo como Jim rodaba hacia el otro lado, y la moto se estrellaba contra un tronco deteniéndose.
La joven iba a levatarse para acercarse a Jim antes de que lo mordiera el infectado, pero el sonido de un disparo le indicó que el exterminador había reaccionado rápido, matándolo de un tiro.
Cuando quiso llegar junto a él, con Raiden gruñendo con las orejas pegadas al cráneao y mostrando sus enromes colmillos; estaban rodeados de una marabunta de aquellos seres que, contra todo pronóstico, soportaban el ardor de los escasos haces de luz solar sobre su piel mientras se acercaban a ellos entre chillidos y siseos.
- Naradiel, lárgate de aquí. - le ordenó Jim. - La base no está lejos.
- Eso no te lo crees ni tú. - tal vez hubiera perdido poder y la capacidad de volar, pero Naradiel seguía siendo un ángel guerrero con una más que sobrada experiencia contra bichos como esos.
Se acuclilló en el suelo, mientras Jim comenzaba a disparar y a tirar bombas a destajo. Alzó una mano y el arco celestial se materializó al instante, al igual que el carcaj a su espalda. Con rapidez cargó tres flechas y las disparó simultáneamente, alcanzando a tres infectados que se lanzaban a por Jim.
Uno de ellos intento atacarla desde arriba, pero se encontró con las zarpas de Raiden protegiéndola, dispuesto a no permitir que ninguno de esos seres se acercara a ella mientras disparaba, cubriéndole la retaguardia al exterminador.
Sin embargo, pronto se percató de que había muchos, decenas, a plena luz, aunque fuera bajo la cobertura del bosque pantanoso... Y aquello no era normal ni por asomo. Aunque disparase cuatro flechas al mismo tiempo, o cinco, daba igual, más aparecían para ocupar el lugar de los que morían atravesados por ellas.
Un sonido de colisión despistó su atención, para ver como Jim acababa acorralado por uno de los más grandes.
La Urielita intentó correr hacia él, pero un numeroso grupo le detuvo el paso. La joven disparó a dos de ellos a bocajarro, y el leopardo se encargó de espantar al resto...
... de pronto todos los infectados salieron corriendo, asustados. Naradiel siguió el objetivo de sus mriadas, para encontrarse con una imagen que le puso el vello de punta. El hombre destrozó al infectado que lo había placado, y luego lo estampó contra otros de los suyos. Éstos retrocedieorn, sieseando, y se empezaron a internar en la oscuridad.
¿Ese era Jim cuando peleaba al 100%? ¿Ese era el alcance de la fuerza de sus implantes o... era otra cosa?
Y mientras Naradiel sólo podía mirar a aquel Jim de sonrisa macabra y mirada afilada, que no dejaba de carcajearse con algo que sólo podía tachar de crueldad, que ella sólo habia visto en... en los demonios.
Cuando Jim comenzó a acercarse a su posición, Raiden saltó ahcia delante, interponiéndose, gruñéndole y enseñándole los dientes, amenzador. Cuando estuvo a escasos pasos de él, le rugió.
- ¡Raiden! ¿Pero qué te pasa? - Naradiel le dio suavemente con el pie, pra apartarlo, pero el animal no se movió. - Jim... ¿va... va todo bien? - no podía evitar sentir un escalofrío de anticipación y alarma... porque Jim no dejaba de sonreír de aquella manera extraña, y al igual que su compañero animal, Naradiel no dejaba de tener la sensación de que había algo oscuro y extraño en la forma en la que él la miraba.

Nara- Base

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Re: Preludio
Jim comenzó a caminar más y más rápido hasta que llegó a donde estaba Raiden gruñéndole. ¿Jim? Así se llamaba el cuerpo de este humano. Era un cuerpo magnifico, lo notaba lleno de cachibaches y cosas que le hacían rápido y fuerte... y él potenciaba todas esas cosas. Cuando llegó hasta la altura del animal lo miró. La cara de Jim cambió unos segundos y se agarró la cabeza.
"no..."
Mustió, pero el sentimiento que tenía hacia el animal no era lo suficientemente fuerte como para detenerlo. Su cara volvió a ser aquella cara de psicopata sin escrúpulos y le dio una sobervia patada al costado de Raiden que lo lanzó contra un árbol dejándole inconsciente.
Tras eliminar al obstáculo volvió a centrarse en su objetivo. Se limpió la cara de sangre con la manga de su camiseta antes de seguir caminando hacia ella. Rebuscó en la memoria del humano que controlaba y encontró su nombre.
"Naradiel... bonito nombre. Llevo mucho tiempo sin pecar... y creo que vas a servirme muy bien. Además, ya conoces este cuerpo y la chupabas de miedo..."
Poco a poco se iba acercando a ella, como un depredador acechándo a su presa y relamiendose con lo que tenía pensado hacerle antes de matarla.
"no..."
Mustió, pero el sentimiento que tenía hacia el animal no era lo suficientemente fuerte como para detenerlo. Su cara volvió a ser aquella cara de psicopata sin escrúpulos y le dio una sobervia patada al costado de Raiden que lo lanzó contra un árbol dejándole inconsciente.
Tras eliminar al obstáculo volvió a centrarse en su objetivo. Se limpió la cara de sangre con la manga de su camiseta antes de seguir caminando hacia ella. Rebuscó en la memoria del humano que controlaba y encontró su nombre.
"Naradiel... bonito nombre. Llevo mucho tiempo sin pecar... y creo que vas a servirme muy bien. Además, ya conoces este cuerpo y la chupabas de miedo..."
Poco a poco se iba acercando a ella, como un depredador acechándo a su presa y relamiendose con lo que tenía pensado hacerle antes de matarla.




Jim- Exterminador

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Re: Preludio
Raiden nunca rugía a nadie sin razón. Podía ser más o menos borde, y gruñón... per nunca hasta el punto de ponerse como estaba.
Y normalmente, la única razón por la que rugía, era porque el ser que tenía delante era peligroso. Naradiel observó atentamente su reacción, cómo su cara parecía cambiar como si se tratara de una máscara. Durante un momento el hombre pareció recobrar la compostura... pero finalmente volvió a sonreír de aquella manera tan psicópata, y fue entonces cuando Raiden fue a saltar sobre él, y cuando el exterminador lo estampó contra el árbol de una soberbia patada.
- ¡¡RAIDEN!! - Naradiel salió corriendo hacia el felino inconsciente, y se acuclilló a su lado, rezando por que no le hubiera matado del golpe. - ¡¿¿Has perdido el juicio, maldita sea??! ¡¿¿Se puede saber qué demonios te pasa James??! - gritó con toda su rabia y su perplejidad, taladrando al exterminador con la mirada.
Cuando le observó acercarse, ella se levantó y tensó el arco sin pensárselo. No podía creerse lo que estaba pasando, que el hombre con el que había compartido momentos tan pacíficos, tan irrealmente bellos apenas horas antes, ahora hubiera casi matado a su amigo más íntimo, casi a una parte de sí mismo, y la mirase de aquella manera sádica y sin ocmpasión ninguna.
No, aquel no podía ser el Jim Raynor que ella conocía, era sencillamente IMPOSIBLE. No le entraba en la cabeza... algo raro estaba pasando, algo...
- Naradiel... bonito nombre. - Hasta la voz del exterminador sonaba completamente distinta. - Llevo mucho tiempo sin pecar... y creo que vas a servirme muy bien.
- ... ¿qué? - musitó ella empezando a atar cabos a toda velocidad en su mente.
- Además, ya conoces este cuerpo y la chupabas de miedo...
Con un bufido de indignación, la chica cargó la flecha en el momento en el que Jim quedaba apenas aun par de metros de ella, mirándole sin dudar a través de sus ojos verdosos, que apenas pestañearon al comprender lo que estaba ocurriendo.
Aquella mirada no era la de Jim, ni siquiera el tono de su voz ni su forma de actuar o expresarse. No era él. Y como ángel que era ella, habiendo estudiado después de todo, se hacía una sospecha bastante fundamentada de lo que podía ser: un espíritu o demonio maligno que había entrado en él. No podái explicar por qué, ni cómo, ni cuándo exactamente.
Pero era la única explicación que encajaba en su mente en aquel momento.
- No te acerques más. - le amenazó, con la punta de la flecha apuntando a su entrecejo. - ¿Quién eres tú, qué haces en el cuerpo de Jim? ¡Respóndeme, o te sacaré de ahí aunque sea a flechazos!
Y normalmente, la única razón por la que rugía, era porque el ser que tenía delante era peligroso. Naradiel observó atentamente su reacción, cómo su cara parecía cambiar como si se tratara de una máscara. Durante un momento el hombre pareció recobrar la compostura... pero finalmente volvió a sonreír de aquella manera tan psicópata, y fue entonces cuando Raiden fue a saltar sobre él, y cuando el exterminador lo estampó contra el árbol de una soberbia patada.
- ¡¡RAIDEN!! - Naradiel salió corriendo hacia el felino inconsciente, y se acuclilló a su lado, rezando por que no le hubiera matado del golpe. - ¡¿¿Has perdido el juicio, maldita sea??! ¡¿¿Se puede saber qué demonios te pasa James??! - gritó con toda su rabia y su perplejidad, taladrando al exterminador con la mirada.
Cuando le observó acercarse, ella se levantó y tensó el arco sin pensárselo. No podía creerse lo que estaba pasando, que el hombre con el que había compartido momentos tan pacíficos, tan irrealmente bellos apenas horas antes, ahora hubiera casi matado a su amigo más íntimo, casi a una parte de sí mismo, y la mirase de aquella manera sádica y sin ocmpasión ninguna.
No, aquel no podía ser el Jim Raynor que ella conocía, era sencillamente IMPOSIBLE. No le entraba en la cabeza... algo raro estaba pasando, algo...
- Naradiel... bonito nombre. - Hasta la voz del exterminador sonaba completamente distinta. - Llevo mucho tiempo sin pecar... y creo que vas a servirme muy bien.
- ... ¿qué? - musitó ella empezando a atar cabos a toda velocidad en su mente.
- Además, ya conoces este cuerpo y la chupabas de miedo...
Con un bufido de indignación, la chica cargó la flecha en el momento en el que Jim quedaba apenas aun par de metros de ella, mirándole sin dudar a través de sus ojos verdosos, que apenas pestañearon al comprender lo que estaba ocurriendo.
Aquella mirada no era la de Jim, ni siquiera el tono de su voz ni su forma de actuar o expresarse. No era él. Y como ángel que era ella, habiendo estudiado después de todo, se hacía una sospecha bastante fundamentada de lo que podía ser: un espíritu o demonio maligno que había entrado en él. No podái explicar por qué, ni cómo, ni cuándo exactamente.
Pero era la única explicación que encajaba en su mente en aquel momento.
- No te acerques más. - le amenazó, con la punta de la flecha apuntando a su entrecejo. - ¿Quién eres tú, qué haces en el cuerpo de Jim? ¡Respóndeme, o te sacaré de ahí aunque sea a flechazos!

Nara- Base

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Re: Preludio
Cuando vio como Naradiel le apuntaba con el arma Jim se paró, torciendo un poco la cabeza mientras, literalmente, se relamía mirándola e imaginándo todo lo que le iba a hacer. ¿De verdad pensaba que iba a detenerle con esa flecha? Este cuerpo no le limitaba tanto, además... percibía que había algo entre el cuerpo que dominaba y esa chica.
"¿De verdad pinsas disparar y matar a éste hombre? Permiteme que lo dude, pequeña"
Utilizó la palabra pequeña, al igual que hacía Jim, con toda la mala intención del mundo, para tatar de desequilibrarla psicológicamente. En un movimiento rápido lanzó un espadazo para desviar el arco de su trayectoria original y se plantó a pocos centímetros de la cara de Naradiel con la suya.
Un sonido de espada clavándose seguido de otro... por suerte sin sangre. Jim sólo había clavado la ropa de Naradiel por las mangas al árbol más cercano. Las espadas estaban atravesadas casi hasta la empuñadura y el árbol era muy gordo, lo más escalofriante era que lo había hecho casi sin esfuerzo.
Jim comenzó a olerle el pelo y le lamió la mejilla. Sus manos abrieron despacio el botón del pantalón de Naradiel mientras le miraba fijamente a los ojos con una sonrisa de superiordad y de locura pintada en la cara.
"He encontrado la solución para que dejes de tener una sóla ala. Te arrancaré la que te queda mientras te estoy dando por el culo."
Dijo riendose por lo bajo. La mano izquierda del exterminador se posó en el estomago de Naradiel y ésta pudo notar que estaba ardiendo, como si tuviese un infierno debajo de su piel. La mano bajó despacio, muy despacio. La punta de los dedos se coló bajo la ropa interior y justo cuando estaba apunto de tocar algo muy privado de la chica.
"¡NO!"
Esta vez Jim girtó de verdad y se alejó de Naradiel unos pasos para caer de rodillas agarrándose la cabeza. Se estaba iniciando una lucha entre el demonio y Jim en la cabeza y el alma del comandante.
"¿De verdad pinsas disparar y matar a éste hombre? Permiteme que lo dude, pequeña"
Utilizó la palabra pequeña, al igual que hacía Jim, con toda la mala intención del mundo, para tatar de desequilibrarla psicológicamente. En un movimiento rápido lanzó un espadazo para desviar el arco de su trayectoria original y se plantó a pocos centímetros de la cara de Naradiel con la suya.
Un sonido de espada clavándose seguido de otro... por suerte sin sangre. Jim sólo había clavado la ropa de Naradiel por las mangas al árbol más cercano. Las espadas estaban atravesadas casi hasta la empuñadura y el árbol era muy gordo, lo más escalofriante era que lo había hecho casi sin esfuerzo.
Jim comenzó a olerle el pelo y le lamió la mejilla. Sus manos abrieron despacio el botón del pantalón de Naradiel mientras le miraba fijamente a los ojos con una sonrisa de superiordad y de locura pintada en la cara.
"He encontrado la solución para que dejes de tener una sóla ala. Te arrancaré la que te queda mientras te estoy dando por el culo."
Dijo riendose por lo bajo. La mano izquierda del exterminador se posó en el estomago de Naradiel y ésta pudo notar que estaba ardiendo, como si tuviese un infierno debajo de su piel. La mano bajó despacio, muy despacio. La punta de los dedos se coló bajo la ropa interior y justo cuando estaba apunto de tocar algo muy privado de la chica.
"¡NO!"
Esta vez Jim girtó de verdad y se alejó de Naradiel unos pasos para caer de rodillas agarrándose la cabeza. Se estaba iniciando una lucha entre el demonio y Jim en la cabeza y el alma del comandante.




Jim- Exterminador

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Re: Preludio
FDR: Ragnos me ha comentao que quería entrar, ¿le esperamos?
Jim no fue el único que libró su propia batalla interna. Tal vez aparentemente no lo expresara, pero Naradiel sabía que no estaba segura de si podría dispararle o no... Y algo le decía que herirle no bastaría: tendrái que ser un tiro certero, atravesarle la cabeza donde ningún implante le salvaría de la terrible hemorragia interna que causaría el proyectil al incrustarse en su cerebro...
La imagen de Yarael se mezcló con la actual. En su momento, se odió por no haber tenido el valor de haberle evitado el sufrimiento cuando pudo... de no haber podido cumplir con su deber...
¿Podría cumplirlo ahora con Jim? Sólo pensarlo le encogió el diafragma, como si se hubier atragado un kilo de plomo.
COmo si le estuviera leyendo la mente, el hombre verbalizó sus propias dudas internas.
-¿De verdad pinsas disparar y matar a éste hombre? Permiteme que lo dude, pequeña...
"Pequeña..."
Fue el golpe fatal para su determinación. La mano derecha detensó levemente la cuerda del arco, y su pulso vaciló. En ese momento el exterminador partó la trayectoria del arco, y la flecha zumbó rozándole al sien, hasta clavarse en una rama, atravesándola; todo en apenas un parpadeo. Naradiel se quedó sin aliento: no lo había visto venir, el movimiento había sido tan rápido que no había podido siquiera intentar anticiparse.
Intentó desquitarse empleando su destreza, pero de nuevo, cuando quiso darse cuenta del movimiento del que ahora era su oponente; éste ya estaba hecho. Chilló al ver las espadas acercándose a ella, y sintió que su espalda chocaba contra el árbol, y que las mangas oprimían sus antebrazos, evitando que pudiera escapar de aquella encerrona. Cuando Jim acercó el rostro, Naradiel apartó la cara, ladeándola hacia un lado. Sintió que su aliento olía distinto, que su respiración era profunda y absorbente, que su aura la repelía como si una fuerza suprema la instara a no hacer otra cosa que no fuera terminar con la maldad que en aquel momento el humano destilaba.
Gritó de frustración cuando sintió que hundía la nariz en su pelo y pasaba su lengua lascivamente por su mejilla. Apretó las mandíbulas, teniendo la sensación de que la saliva le ardía en la cara, como si fuera ácido. Intentó propinarle una patada en el estómago. No, es más: lo hizo. Pero el exterminador ni se inmutó... parecái completamente inmune a los golpes o al dolor.
- ¡¡SUÉLTAME!! ¡¡NO ME TOQUES!!
- He encontrado la solución para que dejes de tener una sóla ala. Te arrancaré la que te queda mientras te estoy dando por el culo.
Naradiel sintió que se le encogía el corazón presa del miedo. Sintió la ardiente mano sobre su estómago, y sostuvo la mirada del hombre sintiendo que no él, sino el demonio que hacía brillar sus pupilas con sadismo; le lanzaba desnudándola a través de sus ojos, relamiéndose imaginándose Dios-sabía-qué.
Cuando su mano tocó la piel del ángel, Naradiel se sintió tan repelida y asqueada por el aura y la fuerza demoníaca de aquel contacto que sintió una soberbia arcada que le hizo encogerse. Y lo peor era que aquel desagradable contacto estaba empezando a descender hacia su zona más sensible.
La chica chilló con toda su rabia y su desesperación, intentando revelarse y patearle, pero de nuevo, él parecía completamente inmune a sus golpes. No podía soportar la idea de que Jim fuera a violarla, aunque fuera poseído por un demonio. Era demasiado cruel, demasiado malvado...
- ¡Jim! ¡Jim, sé que puedes oírme! - gritó, sin dejar de revolverse contra él, tirando de los brazos. - ¡Jim, escúchame, no dejes que te venza! ¡Tú no eres así, eres un buen hombre y lo sabes! - En ese momento la mano ardiente del exterminador se introdujo bajo su ropa, de una forma muy distnta a cómo lo hbía hecho la noche anterior: podía notar la sed asesina del demonio incluso desde su posición. - ¡¡¡JAAAAMEEES!!!
En ese momento Jim se encogió gritando, y reculando. Naradiel respiró, entre sorprendida, aliviada y extrañada por su reacción. Y al ver al humano de rodillas en el suelo, la joven empezó a tirar desesperada de las espadas, para intentar liberarse.
Jim no fue el único que libró su propia batalla interna. Tal vez aparentemente no lo expresara, pero Naradiel sabía que no estaba segura de si podría dispararle o no... Y algo le decía que herirle no bastaría: tendrái que ser un tiro certero, atravesarle la cabeza donde ningún implante le salvaría de la terrible hemorragia interna que causaría el proyectil al incrustarse en su cerebro...
La imagen de Yarael se mezcló con la actual. En su momento, se odió por no haber tenido el valor de haberle evitado el sufrimiento cuando pudo... de no haber podido cumplir con su deber...
¿Podría cumplirlo ahora con Jim? Sólo pensarlo le encogió el diafragma, como si se hubier atragado un kilo de plomo.
COmo si le estuviera leyendo la mente, el hombre verbalizó sus propias dudas internas.
-¿De verdad pinsas disparar y matar a éste hombre? Permiteme que lo dude, pequeña...
"Pequeña..."
Fue el golpe fatal para su determinación. La mano derecha detensó levemente la cuerda del arco, y su pulso vaciló. En ese momento el exterminador partó la trayectoria del arco, y la flecha zumbó rozándole al sien, hasta clavarse en una rama, atravesándola; todo en apenas un parpadeo. Naradiel se quedó sin aliento: no lo había visto venir, el movimiento había sido tan rápido que no había podido siquiera intentar anticiparse.
Intentó desquitarse empleando su destreza, pero de nuevo, cuando quiso darse cuenta del movimiento del que ahora era su oponente; éste ya estaba hecho. Chilló al ver las espadas acercándose a ella, y sintió que su espalda chocaba contra el árbol, y que las mangas oprimían sus antebrazos, evitando que pudiera escapar de aquella encerrona. Cuando Jim acercó el rostro, Naradiel apartó la cara, ladeándola hacia un lado. Sintió que su aliento olía distinto, que su respiración era profunda y absorbente, que su aura la repelía como si una fuerza suprema la instara a no hacer otra cosa que no fuera terminar con la maldad que en aquel momento el humano destilaba.
Gritó de frustración cuando sintió que hundía la nariz en su pelo y pasaba su lengua lascivamente por su mejilla. Apretó las mandíbulas, teniendo la sensación de que la saliva le ardía en la cara, como si fuera ácido. Intentó propinarle una patada en el estómago. No, es más: lo hizo. Pero el exterminador ni se inmutó... parecái completamente inmune a los golpes o al dolor.
- ¡¡SUÉLTAME!! ¡¡NO ME TOQUES!!
- He encontrado la solución para que dejes de tener una sóla ala. Te arrancaré la que te queda mientras te estoy dando por el culo.
Naradiel sintió que se le encogía el corazón presa del miedo. Sintió la ardiente mano sobre su estómago, y sostuvo la mirada del hombre sintiendo que no él, sino el demonio que hacía brillar sus pupilas con sadismo; le lanzaba desnudándola a través de sus ojos, relamiéndose imaginándose Dios-sabía-qué.
Cuando su mano tocó la piel del ángel, Naradiel se sintió tan repelida y asqueada por el aura y la fuerza demoníaca de aquel contacto que sintió una soberbia arcada que le hizo encogerse. Y lo peor era que aquel desagradable contacto estaba empezando a descender hacia su zona más sensible.
La chica chilló con toda su rabia y su desesperación, intentando revelarse y patearle, pero de nuevo, él parecía completamente inmune a sus golpes. No podía soportar la idea de que Jim fuera a violarla, aunque fuera poseído por un demonio. Era demasiado cruel, demasiado malvado...
- ¡Jim! ¡Jim, sé que puedes oírme! - gritó, sin dejar de revolverse contra él, tirando de los brazos. - ¡Jim, escúchame, no dejes que te venza! ¡Tú no eres así, eres un buen hombre y lo sabes! - En ese momento la mano ardiente del exterminador se introdujo bajo su ropa, de una forma muy distnta a cómo lo hbía hecho la noche anterior: podía notar la sed asesina del demonio incluso desde su posición. - ¡¡¡JAAAAMEEES!!!
En ese momento Jim se encogió gritando, y reculando. Naradiel respiró, entre sorprendida, aliviada y extrañada por su reacción. Y al ver al humano de rodillas en el suelo, la joven empezó a tirar desesperada de las espadas, para intentar liberarse.

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Re: Preludio
Los gritos de Naradiel alertaron a mi unidad y fuimos hacia allá temiendo lo peor pero nos encontramos con algo completamente distinto.
Maldita sea, ¿qué ocurría ahora? Era obvio que el comandante estaba actuando de manera extraña.
- ¿Es que NADIE ha hecho nada? Malditos cobardes... - murmuré escupiendo al suelo mostrando desprecio a los soldados.
No había tiempo para suponer ni preguntar, me dirigí corriendo hacia el comandante y pretendí empujarlo, alejándole de cualquier víctima. Si la cosa se pusiera violenta tendría que enfrentarse conmigo; era una decisión difícil pero necesaria, un exterminador UDCAS bajo control de fuerzas oscuras era demasiado peligroso como para dejarle libre.
- Joder comandante. ¡REACCIONA! - gritaba mientras intentaba alejarle de su presa.
Maldita sea, ¿qué ocurría ahora? Era obvio que el comandante estaba actuando de manera extraña.
- ¿Es que NADIE ha hecho nada? Malditos cobardes... - murmuré escupiendo al suelo mostrando desprecio a los soldados.
No había tiempo para suponer ni preguntar, me dirigí corriendo hacia el comandante y pretendí empujarlo, alejándole de cualquier víctima. Si la cosa se pusiera violenta tendría que enfrentarse conmigo; era una decisión difícil pero necesaria, un exterminador UDCAS bajo control de fuerzas oscuras era demasiado peligroso como para dejarle libre.
- Joder comandante. ¡REACCIONA! - gritaba mientras intentaba alejarle de su presa.

Logan Z. Denton- Exterminador

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Re: Preludio
Jim levantó la vista de golpe cuando alguien le tocó y el demonio volvió a ser consciente de todo. La persona que tenía delante... la conocía, sabía que era fuerte, pero nada que ver con él. Además, no era esa ángel. El humano que habitaba no tenía tantos sentimientos hacia él como para contenerle.
Con un rápido movimiento le lanzó un puñetazo con una fuerza espantosa buscando su mentón, un gancho de abajo a arriba seguido de un grito por parte de Jim para imprimir más fuerza al golpe que le había dado.
Se giró a fulminar a los hombres que había detrás y decidió probar suerte, a ver si le seguirían o no. Al fin y al cabo ambos tenían la misma jerarquía en el ejército. Cuanto más tiempo estaba dominando ese cuerpo más conocía el lugar donde se encontraba y cómo sacar provecho.
"Soldados. Apresad a este hombre y acusadlo de traición"
Con un rápido movimiento le lanzó un puñetazo con una fuerza espantosa buscando su mentón, un gancho de abajo a arriba seguido de un grito por parte de Jim para imprimir más fuerza al golpe que le había dado.
Se giró a fulminar a los hombres que había detrás y decidió probar suerte, a ver si le seguirían o no. Al fin y al cabo ambos tenían la misma jerarquía en el ejército. Cuanto más tiempo estaba dominando ese cuerpo más conocía el lugar donde se encontraba y cómo sacar provecho.
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Jim- Exterminador

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Re: Preludio
Mientras Naradiel tiraba de las mangas, consiguiendo rasgar del todo la tela de una, destrozándola en el proceso para así liberar una de sus manos.
En ese momento, llegó una unidad de la UDCAS, lideradas por un hombre que saltaba a la vista que también estaba tan dopado de implantes como Jim, el cual no dudó en ir a intentar detener a su superior para intentar sacarlo de aquel estado.
- ¡¡NO TE ACERQUES!! - le gritó al desconocido. - ¡Ese no es Jim, está poseído por un demonio! - le avisó, casi justo al mismo tiempo en que el exterminador poseído reaccionó y levantó su puño contra Logan.
Naradiel agarró con fuerza la empuñadura de la otra espada que la apresaba, y rechinó las mandíbulas intentando sacarla. Pero a pesar de su fuerza angelical, estaba tan incrustada que no parecía haber forma de sacarla, dejándola todavía a merced del monstruo que ahora peleaba contra su compañero.
En ese momento, llegó una unidad de la UDCAS, lideradas por un hombre que saltaba a la vista que también estaba tan dopado de implantes como Jim, el cual no dudó en ir a intentar detener a su superior para intentar sacarlo de aquel estado.
- ¡¡NO TE ACERQUES!! - le gritó al desconocido. - ¡Ese no es Jim, está poseído por un demonio! - le avisó, casi justo al mismo tiempo en que el exterminador poseído reaccionó y levantó su puño contra Logan.
Naradiel agarró con fuerza la empuñadura de la otra espada que la apresaba, y rechinó las mandíbulas intentando sacarla. Pero a pesar de su fuerza angelical, estaba tan incrustada que no parecía haber forma de sacarla, dejándola todavía a merced del monstruo que ahora peleaba contra su compañero.

Nara- Base

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Re: Preludio
Dolor, aunque pude aguantarlo sin mayor problema. Ese era el problema, él iba a luchar con todo su potencial mientras que yo lo haría para apresarle, no pretendía matarlo; claramente no lo dije en voz alta.
- Vosotros - dije a dos hombres de mi unidad - ayudad a Naradiel. El resto, también los hombres de Jim, sabéis perfectamente lo que debéis hacer, tan sólo no disparéis a matar. - Dicho esto miré a Naradiel fijamente, asintiendo, dándole a entender que entendía sus palabras.
Saqué las cuchillas retráctiles listo para enfrentarme a mi compañero exterminador. No deseaba hacerlo pero era mi deber como UDCAS. - Jim, estés donde estés ahí dentro, reacciona - murmuré
- Vosotros - dije a dos hombres de mi unidad - ayudad a Naradiel. El resto, también los hombres de Jim, sabéis perfectamente lo que debéis hacer, tan sólo no disparéis a matar. - Dicho esto miré a Naradiel fijamente, asintiendo, dándole a entender que entendía sus palabras.
Saqué las cuchillas retráctiles listo para enfrentarme a mi compañero exterminador. No deseaba hacerlo pero era mi deber como UDCAS. - Jim, estés donde estés ahí dentro, reacciona - murmuré

Logan Z. Denton- Exterminador

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Re: Preludio
Los hombres de Jim dudaron, se quedaron parados sin saber si ayudar a su jefe directo o a Logan. Así que ambos se fueron a ayudar a sacar la espada del árbol para liberar a Naradiel de las espadas del exterminador.
Jim sacó un cuchillo y se puso en posición de ataque. El demonio conocía todas las técnicas de combate de Jim y por lo tanto también sabía todos los secretitos que tenía guardados Logan dentro de su cuerpo de exterminador.
"No eres rival para mí... por muy exterminador que seas."
Y era cierto, Logan no tenía nada que hacer en un uno contra uno y menos aún si no tenía la intención de matarlo. Jim era tan exterminador como él pero además el demonio aumentaba exponencialmente todas sus capacidades físicas.
El primer movimiento fue tan veloz que pareció verse un borrón al hacerlo. Lanzó varios ataques. Primero una patada en dirección al estomago, seguido de un ataque de su cuchillo buscando el cuello para cerrar el combo con otra patada, esta vez buscando la cara interna de la rodilla de Logan.
Jim sacó un cuchillo y se puso en posición de ataque. El demonio conocía todas las técnicas de combate de Jim y por lo tanto también sabía todos los secretitos que tenía guardados Logan dentro de su cuerpo de exterminador.
"No eres rival para mí... por muy exterminador que seas."
Y era cierto, Logan no tenía nada que hacer en un uno contra uno y menos aún si no tenía la intención de matarlo. Jim era tan exterminador como él pero además el demonio aumentaba exponencialmente todas sus capacidades físicas.
El primer movimiento fue tan veloz que pareció verse un borrón al hacerlo. Lanzó varios ataques. Primero una patada en dirección al estomago, seguido de un ataque de su cuchillo buscando el cuello para cerrar el combo con otra patada, esta vez buscando la cara interna de la rodilla de Logan.




Jim- Exterminador

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Re: Preludio
Naradiel colgaba del mango de la espada, e intentaba tirar con los pies apoyados en el tronco. Incluso cuando llegaron los otros dos hombres, les costó Dios y ayuda lograr mover un poco la espada incrustada, sin llegar a sacarla del todo.
Al final, uno de ellos usó su cuchillo militar para cortarle la manga y liberarle el brazo, a lo que Naradiel le asintió, agradecida.
Recuperó el arco y se acercó a Raiden. El leopardo había despertado, pero estaba herido y apenas podía moverse. El ángel observó con preocupación cómo Jim seguía en aquel trance psicótico, dispuesto a enfrentarse y a rebanarle el cuello a su contrincante con un cuchillo (por las voces de los soldados adivinó de que era el Comandante Logan). Aquella sonrisa en el rostro de Jim, aquella mirada, no dejaba de producirle escalofríos.
En ese momento los hombres de Logan se colocaron en formación con las armas en ristre. Naradiel se puso de pie, sin separarse de su compañero animal, y les hizo señas para que no abrieran fuego.
Aunque no disparasen a matar, liarse a rafagazos contra los exterminadores tampoco era una idea demasiado buena, especialmente cuando uno de ellos le sacaba una ventaja tan abismal al otro.
- ¡No, no, esperad, esperad! - les detuvo el ángel, antes de que disparasen. - ¡Podríais darle a Logan, si le alcanzáis no le daréis ninguna ventaja! - les avisó, y los soldados se miraron, sabiendo que tenían razón. - A los pies... ¡disparad a los pies! ¡Si tienen que estar moviéndose y esquivando tiros todo el rato para pelar, puede que vuestro jefe tenga una oportunidad!
Algunso soldados dudaron, preguntándose qué carajos sabría el ángel de tácticas de combate. Pero finalmente uno de ellos le obedeció, y disparó a los pies de Jim, levantando polvo en la tierra de su alrededor.
Naradiel respiró hondo y tensó el arco con tres proyectiles simultáneos. Observó, apuntando, cómo Jim retaba a Logan y se lanzaba a por él con movimientos tan rápidos que casi no eran perceptibles por la vista.
Así que Naradiel decidió dejarse llevar por el oído y el instinto, cerrando los ojos para no dejarse engañar por los confusos borrones que eran las extremidades de Jim moviéndose.
- Lo siento Jim. - murmuró, y sus ojos refulgieron con un brillo verde, el brillo de la cazadora nata que llevaba dentro.
Soltó la cuerda justo cuando el exterminador poseído dirigía el filo hacia la garganta del otro, y las tres flechas zumbaron en dirección a la mano armada de Jim. La primera iba dirigida a la hoja del cuchillo, la segunda a la plama de dicha mano, y la tercera al antebrazo. Había visto a Jim soportar duros flechazos Urielitas estando en el Edén, sabía que aquello sólo serían rasguños para él. Además su intención era hacerle soltar el arma más que herirle realmente.
No iba a permitirle que degollara a uno de sus propios compañeros con sus propias manos.
Al final, uno de ellos usó su cuchillo militar para cortarle la manga y liberarle el brazo, a lo que Naradiel le asintió, agradecida.
Recuperó el arco y se acercó a Raiden. El leopardo había despertado, pero estaba herido y apenas podía moverse. El ángel observó con preocupación cómo Jim seguía en aquel trance psicótico, dispuesto a enfrentarse y a rebanarle el cuello a su contrincante con un cuchillo (por las voces de los soldados adivinó de que era el Comandante Logan). Aquella sonrisa en el rostro de Jim, aquella mirada, no dejaba de producirle escalofríos.
En ese momento los hombres de Logan se colocaron en formación con las armas en ristre. Naradiel se puso de pie, sin separarse de su compañero animal, y les hizo señas para que no abrieran fuego.
Aunque no disparasen a matar, liarse a rafagazos contra los exterminadores tampoco era una idea demasiado buena, especialmente cuando uno de ellos le sacaba una ventaja tan abismal al otro.
- ¡No, no, esperad, esperad! - les detuvo el ángel, antes de que disparasen. - ¡Podríais darle a Logan, si le alcanzáis no le daréis ninguna ventaja! - les avisó, y los soldados se miraron, sabiendo que tenían razón. - A los pies... ¡disparad a los pies! ¡Si tienen que estar moviéndose y esquivando tiros todo el rato para pelar, puede que vuestro jefe tenga una oportunidad!
Algunso soldados dudaron, preguntándose qué carajos sabría el ángel de tácticas de combate. Pero finalmente uno de ellos le obedeció, y disparó a los pies de Jim, levantando polvo en la tierra de su alrededor.
Naradiel respiró hondo y tensó el arco con tres proyectiles simultáneos. Observó, apuntando, cómo Jim retaba a Logan y se lanzaba a por él con movimientos tan rápidos que casi no eran perceptibles por la vista.
Así que Naradiel decidió dejarse llevar por el oído y el instinto, cerrando los ojos para no dejarse engañar por los confusos borrones que eran las extremidades de Jim moviéndose.
- Lo siento Jim. - murmuró, y sus ojos refulgieron con un brillo verde, el brillo de la cazadora nata que llevaba dentro.
Soltó la cuerda justo cuando el exterminador poseído dirigía el filo hacia la garganta del otro, y las tres flechas zumbaron en dirección a la mano armada de Jim. La primera iba dirigida a la hoja del cuchillo, la segunda a la plama de dicha mano, y la tercera al antebrazo. Había visto a Jim soportar duros flechazos Urielitas estando en el Edén, sabía que aquello sólo serían rasguños para él. Además su intención era hacerle soltar el arma más que herirle realmente.
No iba a permitirle que degollara a uno de sus propios compañeros con sus propias manos.

Nara- Base

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Re: Preludio
Patada, cuchillo, patada. No recordaba a Jim tan fortalecido, ¿habría mejorado el demonio que le poseía sus capacidades físicas? Eso me temía...
Un quejido sonoro brotó de mis labios cuando recibí el golpe en el estómado, pude esquivar por poco el filo dirigido a mi cuello pero no la segunda patada. No, no podía morir así y menos a manos de un compañero poseído.
Estaba aturdido, arrodillado en el suelo, tratando de no perder la visión de Jim y de intentar preveer sus golpes. Entre mis dedos comencé a sujetar una de esas canicas gravitatorias para colocarla a sus pies cuando se acercara o cuando las flechas de Naradiel impactaran sobre su cuerpo.
- ¡McHantom, Sánchez! Escolten al resto de soldados a la base y avisen de lo ocurrido - grité, mi labor sería enfrentarme a Jim, entretenerle para que la base pueda ser alertada y prepararse para lo peor. - Y ahora ven a por mi, demonio. No pasarás sobre mi. - le espeté sonriéndole mientras me levantaba.
Un quejido sonoro brotó de mis labios cuando recibí el golpe en el estómado, pude esquivar por poco el filo dirigido a mi cuello pero no la segunda patada. No, no podía morir así y menos a manos de un compañero poseído.
Estaba aturdido, arrodillado en el suelo, tratando de no perder la visión de Jim y de intentar preveer sus golpes. Entre mis dedos comencé a sujetar una de esas canicas gravitatorias para colocarla a sus pies cuando se acercara o cuando las flechas de Naradiel impactaran sobre su cuerpo.
- ¡McHantom, Sánchez! Escolten al resto de soldados a la base y avisen de lo ocurrido - grité, mi labor sería enfrentarme a Jim, entretenerle para que la base pueda ser alertada y prepararse para lo peor. - Y ahora ven a por mi, demonio. No pasarás sobre mi. - le espeté sonriéndole mientras me levantaba.

Logan Z. Denton- Exterminador

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Re: Preludio
Jim rugió visiblemente molesto. Sus dos patadas habían impactado debidamente pero su cuchillo había fallado por muy poco por culpa de las flechas de la urielita. La primera impactó en el cuchillo, desviando la mano, eso provocó que la flecha de la mano sólo le diese de refilón sin cortas más que un poco de piel, pero la flecha del antebrazo la recibió de pleno.
El demonio conocía las canicas gravitatorias gracias a Jim, pero esta no la vio venir. Cuando se lanzó de nuevo contra Logan la canica estalló sellándolo al suelo. Sin embargo la fuera de Jim ahora era abrumadora. Consiguió saltar hacia un lado para salir de la zona de absorción.
El exterminador levantó la cabeza y observó la situación. Estaba en una clara desventaja, no era que le importase lo más mínimo el cuerpo de ese humano, pero ya no tenía nada que hacer ahí. No conseguiría matar a nadie ni violar a Naradiel, así que... simplemente se fue. Además, algunas de las balas le habían herido las piernas y un pie.
FIN DE LA POSESIÓN
Jim sintió de golpe como se quedaba vacío por dentro y todos los golpes que se había llevado en el combate. Además del cansancio de llevar sus músculos a límites imposibles. Cerró los ojos y cayó al suelo inconsciente con la respiración entrecortada.
El demonio conocía las canicas gravitatorias gracias a Jim, pero esta no la vio venir. Cuando se lanzó de nuevo contra Logan la canica estalló sellándolo al suelo. Sin embargo la fuera de Jim ahora era abrumadora. Consiguió saltar hacia un lado para salir de la zona de absorción.
El exterminador levantó la cabeza y observó la situación. Estaba en una clara desventaja, no era que le importase lo más mínimo el cuerpo de ese humano, pero ya no tenía nada que hacer ahí. No conseguiría matar a nadie ni violar a Naradiel, así que... simplemente se fue. Además, algunas de las balas le habían herido las piernas y un pie.
FIN DE LA POSESIÓN
Jim sintió de golpe como se quedaba vacío por dentro y todos los golpes que se había llevado en el combate. Además del cansancio de llevar sus músculos a límites imposibles. Cerró los ojos y cayó al suelo inconsciente con la respiración entrecortada.
Última edición por Jim el Jue Nov 03, 2011 5:13 pm, editado 1 vez




Jim- Exterminador

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Re: Preludio
Naradiel abrió los ojos cerciorándose de que le había alcanzado, al mismo tiempo que algunos de los soldados retrocedían hacia la Base, yendo a buscar ayuda. Aguantó la respiración al ve rla serie de golpes que intercambiaba con Logan, y pronto llegó a la conclusión de que aquel demonio era mucho más fuerte que cualquier exterminador, mucho más rápido, y también mucho más inteligente.
Cosa demostrada, dado que esquivó la canica gravitatoria por los pelos, Naradiel las había visto más de una vez, aunque nunca había llegado a terminar atrapada por una de ellas.
Tragó saliva ante la amenaza de Logan, y apretó el arco en las manos, sintiéndose de repente una inútil. No quería arriesgarse a usar sus poderes, no teniéndolos tan mermados como para arriesgarse a aque algo saliera mal dada la delicada situación.
Pero, de pronto, algo raro pasó. Al verse acorralado el demonio abandonó el cuerpo de Jim. O al menos, al ver cómo el humano temblaba y se derrumaba en el suelo, eso le pareció.
Naradiel no se lo pensó dos vece,s corrió hacia él y se arrodilló a su lado entre el polvo, empujándolo con esfuerzo para darle la vuelta y dejarle bocarriba, golpeándole suavemente el rostro con la mirada cargada de ansiedad.
- ¡Jim! ¡Jim, contéstame! - el humano no respondió, pero al menos respiraba, aunque se notaba por su cadencia que debía estar agotado
Naradiel miró a Logan con cara de circunstancias, y se levantó despacio, mientras los soldados empezaban a rodear a sendos comandantes, sin explicarse aún qué demonios había pasado... y nunca mejor dicho.
La joven se aproximó hasta unos abrusto y cogió una especie de mora negra que crecía entre las zarzas. La aplastó entre los dedos, y le llegó a la nariz el fuerte y desagradable olor de su jugo oscuro y untuoso, el mismo que los Urielitas usaban para espabilar a sus compañeros cuando caían sin sentido en la batalla, uno que Jim ya probó una vez en el Edén.
Se coló entre los soldados y volvió a arrodillarse al lado de Jim, cogiéndole la cabeza con cuidado y apoyándosela sobre los muslos.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó uno de los soldados.
- No me puedo creer que Jim fuera a violar a una chica... ¿y encima aun ángel?
- Por algo le llaman el MataTronos, ¿no? - el bocazas se topó con una mirada asesina por parte de Naradiel. - Ehm... quiero decir, que yo tampoco me lo explico, vamos...
- Estaba poseído por un demonio, no era él quien controlaba sus acciones. - dijo el ángel.
- ¿Y el demonio se ha ido?
- Creo que sí pero... no lo sé...
Naradiel le observó el rostro a Jim. No podía asegurarlo, pero creía que sí que se había marchado. A pesar de eso, hasta que no despertara o reaccionara no podrían saberlo.
Miró a Logan acto seguido, y esbozó una sonrisa rápida, antes de añadir:
- Gracias por su ayuda, Comandante. No sé qué habría pasado si no hubiera aparecido con sus hombres. - le dijo, ya algo más tranquila, aunque lo cierto era que, si bien si se imagianaba lo que podría haber pasado, más bien prefería no pensarlo. - Vamos, Jim... despierta por Dios... - murmuró entre dientes, minetras pasaba los dedos ennegrecidos por debajo de su nariz, esperando a que el olor le hiciera despertar.
Cosa demostrada, dado que esquivó la canica gravitatoria por los pelos, Naradiel las había visto más de una vez, aunque nunca había llegado a terminar atrapada por una de ellas.
Tragó saliva ante la amenaza de Logan, y apretó el arco en las manos, sintiéndose de repente una inútil. No quería arriesgarse a usar sus poderes, no teniéndolos tan mermados como para arriesgarse a aque algo saliera mal dada la delicada situación.
Pero, de pronto, algo raro pasó. Al verse acorralado el demonio abandonó el cuerpo de Jim. O al menos, al ver cómo el humano temblaba y se derrumaba en el suelo, eso le pareció.
Naradiel no se lo pensó dos vece,s corrió hacia él y se arrodilló a su lado entre el polvo, empujándolo con esfuerzo para darle la vuelta y dejarle bocarriba, golpeándole suavemente el rostro con la mirada cargada de ansiedad.
- ¡Jim! ¡Jim, contéstame! - el humano no respondió, pero al menos respiraba, aunque se notaba por su cadencia que debía estar agotado
Naradiel miró a Logan con cara de circunstancias, y se levantó despacio, mientras los soldados empezaban a rodear a sendos comandantes, sin explicarse aún qué demonios había pasado... y nunca mejor dicho.
La joven se aproximó hasta unos abrusto y cogió una especie de mora negra que crecía entre las zarzas. La aplastó entre los dedos, y le llegó a la nariz el fuerte y desagradable olor de su jugo oscuro y untuoso, el mismo que los Urielitas usaban para espabilar a sus compañeros cuando caían sin sentido en la batalla, uno que Jim ya probó una vez en el Edén.
Se coló entre los soldados y volvió a arrodillarse al lado de Jim, cogiéndole la cabeza con cuidado y apoyándosela sobre los muslos.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó uno de los soldados.
- No me puedo creer que Jim fuera a violar a una chica... ¿y encima aun ángel?
- Por algo le llaman el MataTronos, ¿no? - el bocazas se topó con una mirada asesina por parte de Naradiel. - Ehm... quiero decir, que yo tampoco me lo explico, vamos...
- Estaba poseído por un demonio, no era él quien controlaba sus acciones. - dijo el ángel.
- ¿Y el demonio se ha ido?
- Creo que sí pero... no lo sé...
Naradiel le observó el rostro a Jim. No podía asegurarlo, pero creía que sí que se había marchado. A pesar de eso, hasta que no despertara o reaccionara no podrían saberlo.
Miró a Logan acto seguido, y esbozó una sonrisa rápida, antes de añadir:
- Gracias por su ayuda, Comandante. No sé qué habría pasado si no hubiera aparecido con sus hombres. - le dijo, ya algo más tranquila, aunque lo cierto era que, si bien si se imagianaba lo que podría haber pasado, más bien prefería no pensarlo. - Vamos, Jim... despierta por Dios... - murmuró entre dientes, minetras pasaba los dedos ennegrecidos por debajo de su nariz, esperando a que el olor le hiciera despertar.

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